Los Angeles en rojo, amarillo, verde y azul
Como todas las calles se parecen en cada barrio-ciudad de esta metrópoli anónima, reconocíamos la calle de la casa por el árbol rojo, que hacía de farolillo justo a media altura y que nos daba sombra en las pausas interminables en las que salíamos a la puerta para que nos distinguiera el coche tintineante de dominos pizza o se les quitaran a algunos las ganas de fumar.
