El final: un sueño de 5.250 kilómetros a remo
De repente, en el dique del puerto, el también remero Peter Moore, que había llegado justo un día antes que nosotros, encendió una potente bengala blanca que iluminó toda la zona. Se nos puso la piel de gallina; eran decenas de personas las que nos vitoreaban, aplaudían, silbaban... No dábamos crédito, pensábamos que al llegar de noche no habría casi nadie para recibirnos.
