Suena a remoto, a película de dibujos y a animales imposibles. Es eso, y también un país-isla poco turístico que rezuma savia africana edulcorada con toques asiáticos
Escribir sobre Madagascar y no hablar de Fort Dauphine sería como hacerlo sobre Cuba y no mencionar Trinidad. Su fascinante y desconocida historia pone a este lugar en el mapa de unos pocos historiadores y amantes de cuentos de piratas, bucaneros y naúgrafos.
Es difícil precisar por qué me gusta tanto está anónima población en el centro de Madagascar. La descubrí por casualidad, pues atravesar por carretera el país desde Antananarivo hasta las cristalinas costas sureñas de Tulear sólo hay una carretera y ésta pasa, a la fuerza, por Antsirabé.