Barbados

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El final: un sueño de 5.250 kilómetros a remo

De repente, en el dique del puerto, el también remero Peter Moore, que había llegado justo un día antes que nosotros, encendió una potente bengala blanca que iluminó toda la zona. Se nos puso la piel de gallina; eran decenas de personas las que nos vitoreaban, aplaudían, silbaban... No dábamos crédito, pensábamos que al llegar de noche no habría casi nadie para recibirnos.

El huracán Olga: del infierno al cielo

Me sentí como un niño abandonado a su suerte; las bajas temperaturas y el aguacero incesante impedían evadirme de ese infierno helado. Me encontraba totalmente abatido, convencido de que aquello era insoportable, arrepentido de habernos embarcado y asustado por si no salíamos vivos.
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