Si me introduzco por una profunda rendija de la tierra, planeta adentro entre masas de rocas que casi me encierran miles de metros por encima de mí ¿cuál es el objeto de mi visita?
Y allí, en uno de los momentos de mi vida viajera más intensos, se levanta entre las nubes la gran pirámide rojinegra del K2. Un sueño de juventud cumplido en una estampa casi sacada de un cuento de Kipling