A mí sí me gusta París
París no es una ciudad fría, cara y sin alma, etcétera. Pasear por sus calles y atrapar un síndrome de Stendhal como quien agarra un catarro sale absolutamente gratis. Parte del encanto de esta ciudad radica en esas dentelladas frías y miserables que te regala febrero mientras te relames al mirar dentro de las brasseries para luego irte a comer patatas fritas grasientas en cualquier kebab.
