Es el enrevesado tuétano de una ciudad, los tentáculos que atrapan al viajero y le sumergen en un paseo de reloj detenido, de zocos intemporales, de una cierta angustia si piensas en huir en lugar de huir de lo que piensas.
Había llegado a Kairouan como casi todos los que la visitan: a la carrera. La cuarta ciudad santa del Islam tras La Meca, Medina y Jerusalén sigue siendo, muy a su pesar, un lugar de paso. Durante siglos, de la ruta de las caravanas. Ahora, de las numerosas excursiones de autobuses llenos de turistas.