El turismo de masas se asienta en bellos parajes vírgenes, por lo que el impacto del desarrollo de la actividad económica es inmenso en el entorno natural. También en Cuba.
Hay una especie de síndrome que ataca siempre al viajero que pone los pies en Cuba y que éste no entenderá hasta pasado un tiempo. Se trata de un virus que, una vez inoculado, solo podrá crecer hasta devorarnos. Demasiada gente lo sufre. Yo también, y de manera irreparable. Y se llama nostalgia.