El cuento de Las Vegas (I)
Una americana oriental de unos cincuenta años era mi contrincante. A mi lado, un tipo gordo con una gorra y dos manos con diez dedos de seiscientos gramos cada uno sería el testigo. Cambié 100 dólares. Ella comenzó a dar cartas. Todo fue muy rápido. El tipo gordo de mi lado se pidió una cerveza. Yo pedí dos servilletas y agua para limpiarme una manche del café. Él me miró con cierta tristeza, como si mi café molestara a su cerveza. Lo hacía. Sentí vergüenza.
