El asfalto hierve a mediodía. Los primeros rayos de sol son absorbidos por el suelo; pasado un tiempo ya no da abasto y la carretera abrasa. Jalonando los bordes, bulle la fe.
En Oklahoma, en el corazón de Estados Unidos, donde el sol castiga la existencia, un hombre de negocios, Cyrus Avery, soñaba con una red de carreteras interestatales. Esa idea la trasladó a la Asociación Americana de Carreteras Estatales. De esta manera nació, en 1926, la Ruta 66. Ésta es la crónica de un viaje de 3.600 kilómetros a lomos de una Harley Davidson. Por Diego COBO.