No hay nada más maravilloso en los viajes en tren que esa alternancia entre el capítulo de un libro, mirar el paisaje y observar la vida en el vagón. Y vuelta a empezar…
A 9.288 kilómetrosde Moscú, una pareja de adolescentes se besa frente a una playa helada donde el Pacífico rompe sus últimas olas. Los soldados rusos beben vodka en los locales de moda, las mujeres caminan con la misma gracia que enla Plaza Rojay los niños juegan en el paseo marítimo
La vuelta al mundo se dividía. Mis compañeros de expedición estaban a punto de cruzar Rusia en coche, cruzando Siberia bajo la amenaza de un invierno inminente. Yo haría el mismo viaje a bordo del “tren Moscú-Vladivostok”, como se conoce aquí al Transiberiano.