¿Y si gano una carrera en Tailandia?

Por: Juancho Sánchez
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Mi último post acababa con una cita de la Lonely Planet acerca del pueblo de montaña al que nos dirigíamos, Pai. Os la recuerdo: “Emerge de la nada en una esquina húmeda y fresca de un valle protegido por montañas a lo largo de un río serpenteante”. Lo que no decía la guía es que Pai es -con permiso de la isla de Ko Phagnan, donde cada mes se celebra la mítica “full moon party”- el lugar más turístico de Tailandia. Resulta que, desde hace unos años, los tailandeses ricos de Bangkok sufren de una especie de fiebre con esta pequeña ciudad, efectivamente plagada de encanto, en la que han instalado su segunda residencia y a la que han  convertido en algo parecido a nuestra Santillana del Mar. Belleza saturada.

Y, la verdad, no es esto lo que veníamos persiguiendo. Así que desde el momento de bajarnos del autobús hemos empezado a buscar otro destino. A encontrarlo nos ha ayudado Ruum, una alocada tailandesa que de niña se vino a Pai desde su aldea natal y comenzó a trabajar limpiando habitaciones para entrar en contacto con los extranjeros y pedirles que le ayudaran “a salir de la pobreza” enseñándole a hablar inglés.

Ruum se hizo guía turística en un pueblo de una de las múltiples etnias indígenas, los Lisu, y se gana la vida más que dignamente llevando a los extranjeros a hacer trekkings por la selva. Así que cuando supo de nuestros planes, nos envió a ese lugar, que se llama Ban Nam Rim, donde solo hay un alojamiento para turistas, el llamado Lisu Lodge, que es propiedad de Rudi y Amy, el matrimonio más estrafalario que he conocido en la vida.

Él es alemán de rancio abolengo. Serio, poco hablador, aferrado a rígidas costumbres como cenar exactamente a las seis de la tarde cada día, acostarse a las ocho y media y levantarse a las seis y media. Pase lo que pase. Le gusta ver, siempre exactamente a la misma hora, las noticias en alemán, que descarga de un ordenador que va a pedales, y cada noche, antes de irse a la cama, nos dice, “Do you need something more?”. No, Rudy, Thanks. “Ok, see you tomorrow”.  Amy, por el contrario, es la más vivaracha y sonriente indígena que hayamos visto, vestida siempre con el traje azul chillón de los de su etnia y siempre atareada en mil cosas. Él no habla lisu, ella no habla alemán. Su inglés, creedme, no llega a regular. Cuando les pregunté cómo hacen para entenderse, Amy me contestó, riendo: “Tenemos nuestro propio idioma”. Rechazo la idea de imaginármelos en la cama…

El caso es que vamos a quedarnos en Ban Nam Rim unos días, para hacer unas cuantas caminatas por la montaña. Eso os lo contaré pronto, pero hoy os voy a hablar de lo que he hecho este fin de semana: ¡correr media maratón en Pai! Resulta que vi un cartel anunciando la carrera para el domingo, y  me dije: es la ocasión perfecta para vivir en primera persona cómo es esto en Asia. Os ahorro la aventura hasta que conseguí que alguien me dijera cómo apuntarme. El caso es que dieciocho horas después, y tras interrogar a 1.200 personas, tenía mi inscripción y una camiseta fucsia muy mona por solo 150 bats, es decir, tres euritos.

Así que el sábado dejé a los chicos en Ban Nam Rim y me vine a Pai, porque la carrera era a las seis de la mañana. No se puede decir que con los preparativos del viaje y los primeros días en Tailandia haya entrenado mucho. Pero el caso es que mis amigos empezaron a decirme: “Mira que si ganas”. “Anda que como te lleves la copa y el premio”. Y yo les decía “Que no, joder, no digáis chorradas. ¿Cómo voy a ganar?” Pero por dentro empecé a hacer castillos en el aire….¿Y si son muy malos y gano? ¡Qué divertido!

Orson es de Kenia y su entrenador le ha enviado a Asia para curtirse, donde lleva diez meses y ha ganado ocho o diez carreras en Tailandia y en Malasia

Bueno, pues me monto en el autobús para ir a Pai, el sábado por la mañana, y me siento al lado de un negrazo que me pregunta: “¿Hablas inglés?”. Y le digo: “un poco”. Y me cuenta, así a bocajarro, que se llama Orson, que es de Kenia, que es atleta y que su entrenador le ha enviado a Asia para curtirse, donde lleva diez meses y ha ganado ocho o diez carreras en Tailandia y en Malasia. Tiene 24 años y se dirige a Pai, a correr mañana. Sin exagerar, creo que Orson podría ganarme aunque le hicieran comer un buey, beberse dos botellas de whisky y le llevaran al otro lado del pueblo a la hora de la salida sin haber dormido.

El caso es que ya más relajado, y consciente de que no ganaré una carrera en la vida, me pego la gran madrugada y allí que me presento con mi frío –hace frío en las montañas- y con mi camiseta fucsia. Para empezar, me dicen que aquí las medias maratones son de 12 kilómetros, cosa que me agrada enormemente. Luego descubro que no hay distinciones por categoría. Es decir, salimos todos a la vez, niños, juveniles, mayores, viejos, madres, tías, abuelas…  

Dan la salida, y es como si les hubieran amenazado de muerte. Yo me preguntaba si es que no me habría equivocado y eran 120 metros en vez de 12 kilómetros. Claro, enseguida empecé a recoger gente que iba andando. Y lo gracioso es que cuando veían que les adelantaba uno que no era de allí…se picaban! Y entonces esprintaban otra vez, me adelantaban, y cien metros más allá se volvían a parar y al verme pasar me sonreían con cara de “adiós, desgraciao. A ver si te escuernas pronto”.
 
Te daban agua cada dos kilómetros, y cada 300 metros te ponían una pulsera en la muñeca, un chip de mano. Si no tenias cuarenta pulseras al final de la carrera, es que no la habías hecho entera. Cuando estaba a punto de morir, al llegar a meta, me dice un tipo que siga, que son catorce kilómetros. Casi me paro. He debido quedar entre los cien primeros –no éramos más de 500- y no veo por ninguna parte al keniano Orson, debe haber ganado y marcharse a dormir hace un rato. Menos mal que me he hecho una foto con él en la salida, porque sino nadie me va a creer la historia. Balance final: tengo una medalla que pesa tres kilos, una camiseta nueva sudada, un dolor generalizado que imagino me durará cuatro días y un sueño que no me da ni para volver a la guest. Vaya con la experiencia… la próxima vez mejor me voy a ver un concierto Tai.

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Comentarios (8)

  • javier

    |

    Me estaba partiendo de risa leyendo tu historia. Genial

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  • Maribel

    |

    Jajajajaja Eres un puntazo y tu cara al lado de Orson ni te cuento jajaja

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  • María (Ruiz)

    |

    Y, ahora, cómo haces para meter la medalla taaaaan pesada y la camiseta en la mochila???? Como vea este año a Orson en la San Silvestre Vallecana, me paaaaarto!!!!! Qué bien que hayas colgado fotos Juancho!!!!!

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  • Jorge

    |

    Jua, jua, jua… qué bueno Juancho, muy gracioso este post, si señor ese es nuestro juencho, atleta hasta la médula. Lo de la salida es buenísimo….

    Un abrazo.

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  • mabs

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    Un abrazo capullete desde Madrid. QUe envidia me das joder,…
    +MA Benedicto

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  • Miguel A.

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    Pues menos mal que no ganaste. ¿Cuanto pesaría el trofeo del ganador?
    No te desanimes. Sigue corriendo y con las pulseras y las medallas pones una joyería si eso.

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  • Maca

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    Ja, ja, que grande juanchete!!!!! por cierto, estas muy delgao… besos

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  • JIRobres

    |

    Qué grande, Juantxo!!! Pídele un autógrafo al germano…antes de que se acueste a las las ocho y media!!! jajaja. Y a Orson(sólo le falta el apellido Wells para ser un gran actor) pídele otro…si se deja coger. Sigue pasándolo mu bien

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