Archivo General de Indias: el rastro del Nuevo Mundo

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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Una gitana se acerca. Lleva en su mano un ramillete con el que “amenaza”, más que ofrece, tener un porvenir lustroso. En sus manos lleva la fortuna del destino para turistas despistados a los que amedrentar de folclore. “Siempre está aquí me cuenta Ro”, una amiga de Brenes, un pueblo cercano a Sevilla. “Hace un tiempo me amenazó con un mal de ojo por no comprarle el ramillete y le contesté que su mal de ojo se lo multiplicaría yo a ella por tres. Salió corriendo”, me explica. Mientras, observó a una joven pareja mejicana que negocia con otra gitana el precio de su destino. Sacan un billete de cinco euros y a la mujer le parece poco. No soporto la avaricia hacia los extranjeros, quizá porque yo la sufro constantemente cuando estoy fuera y entiendo lo fácil que es aprovecharse de los que no conocen los códigos y andan perdidos.

Hace un tiempo me amenazó con un mal de ojo por no comprarle el ramillete y le contesté que su mal de ojo se lo multiplicaría yo a ella por tres. Salió corriend

Estamos en la puerta de la Catedral de Sevilla, bajo la sombra de la archiconocida Giralda y su giraldillo que parece  desde allí arriba vigilar el día a día de esta bellísima ciudad. Allí, en frente, está el edificio del Archivo General de Indias. Un cartel anuncia una exposición que me llama la atención: “Una mirada al nuevo mundo”. Decidimos entrar y comenzar así un viaje por la historia de América.  ¿Qué decir de un edificio en cuyos estantes se guardan 43.000 legajos, cerca de 80 millones de páginas y 8.000 mapas y dibujos del “descubrimiento” de América y su posterior colonización?  Allí está todo, o casi todo, de una de las hazañas históricas más convulsas y fascinantes de la historia de la humanidad.

Para los que quieran conocer algo más de esa parte de la historia, este lugar es el maná del conocimiento desde el que poder tener una idea propia. De hecho, esa es la razón de su origen. El Archivo General de Indias nace de una necesidad y de un anhelo. La necesidad de tener en un solo lugar todos los archivos americanistas que entonces estaban repartidos entre Simancas (archivo general de la Corona), Madrid, Cádiz y Sevilla. El anhelo por parte de los ilustrados de Carlos III de contrarrestar con conocimiento el inicio de la leyenda negra de la Conquista de América que había empezado a promulgarse, especialmente en las primeras enciclopedias francesas, y que hablaban del abuso y masacre por parte de los españoles  a los pacíficos indígenas americanos.

El anhelo por parte de los ilustrados de Carlos III de contrarrestar con conocimiento el inicio de la leyenda negra de la Conquista de América

En 1785 nacía, por tanto, este archivo en el que se guardan documentos de incalculable  valor como el tratado de Tordesillas, las Capitulaciones de Santa Fe o el testamento de Magallanes. Hay también manuscritos de Colón, Pizarro o Cortes, entre otros. En realidad, por resumir, en sus estantes de madera entre los que paseo están todos los documentos originales que narran lo acontecido en el Nuevo Mundo. Mi curiosidad se multiplica por mil, es como si te hablara el pasado.

Sin embargo, me contento con recorrer entre tanto legajo los paneles y vitrinas de la interesante exposición. Explican como España se adentró en el Atlántico por tener reconocido en el Tratado De Alcaçovas (1479) con Portugal el tráfico marítimo de la costa africana a los lusos. Si se quería llegar a las Indias había entonces que creer en Colón y su teoría del oeste para llegar al este. No se llegó allí, se llegó a una nueva tierra que lleno de riquezas a España. Era en Sevilla, en su Guadalquivir, donde se fijó la salida de las flotas. Comenzó entonces en los alrededores de la Catedral una labor frenética de los comerciantes, una labor que pronto provocó la queja de los religiosos que veían como en la puerta de su templo se realizaban todo tipo de actividades, algunas incluso de dudoso sentido moral.

Una labor que pronto provocó la queja de los religiosos que veían como en la puerta de su templo se realizaban todo tipo de actividades, algunas incluso de dudoso sentido moral

Fue entonces, 1583, cuando Felipe II decidió que se levantará un edificio, la Casa de la Lonja de los Mercaderes de Sevilla, donde pudieran los comerciantes realizar su trabajo sin interferir en los designios de Dios. El inmueble se levantó en el mismo lugar, frente a la misma catedral. Sin embargo, el posterior traslado a Cádiz como puerto de las “Américas” llevó al inmueble al total abandono y olvido. En la segunda mitad del siglo XVI comienza una condena que se ejecuta en 1717 cuando se decide formalmente que la “tacita de plata” sea la nueva sede del comercio ultramarino. La bella obra arquitectónica ideada por Juan Herrera ve como su esplendor decae y es ocupado el inmueble por familias que lo convierten en viviendas. Casi podríamos hablar de okupas.  No es hasta la ya mencionada decisión de Carlos III que se vuelven a acometer reformas y se crea el hoy conocido como Archivo General de Indias.

A Sevilla se puede viajar por mil razones. Toda la ciudad es un hervidero de vida, historia y belleza, pero para los amantes del pasado, para lo que quieran conocer algo más de la historia de la colonización americana, para los que busquen entender con ideas propias, ahí están los estantes de este edificio guardando el ayer de tan colosal aventura.

P.D. En estos tiempos que corren, el mundo se puede observar también por una pantalla. En la web del Archivo del Ministerio de Cultura se puede acceder a toda la obra documental que atesora.

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