“La selva no es un paisaje, es un organismo que te observa”

«Mi madre se convirtió en pájaro» es un libro que habla de la naturaleza, el tiempo y la memoria

Mi madre se convirtió en pájaro no es un libro de aventuras al uso. Tampoco es un diario de viaje complaciente ni un alegato ecologista panfletario. Es, más bien, el relato de una inmersión en la selva del Manu, en Perú, que un periodista lúcido y responsable nos invita a recorrer con él.

Hay un placer especial en sumergirse en las páginas de quienes, como Josep, escriben no tanto para contar el mundo como para entenderlo. La generosidad con la que comparte esos momentos que, de no haber sido escritos, se habrían quedado en un rincón de su memoria es algo que los lectores perciben enseguida. Josep es uno de esos escritores con los que uno disfrutaría tomando un café mientras escucha sus historias. Pero, a falta de esa posibilidad, aquí tenemos este libro.

En sus páginas aparecen chamanes que se hacen esperar, termiteros suspendidos en el aire, guacamayos atravesando el cielo verde y una frase que lo cambia todo: que la madre de un chamán, dicen, “se fue al río y se convirtió en pájaro”. A partir de ese momento, el viaje deja de ser únicamente geográfico para convertirse también en una exploración de las distintas formas de entender la naturaleza, el tiempo y la memoria.

Hablamos con Josep M. Palau sobre el origen de este libro, sobre la transformación del viaje con el paso de los años y sobre esa frontera frágil entre contar un lugar y preservar aquello que lo hace único.

Estas son sus respuestas. Y si os quedáis con ganas de más, no olvidéis acercaros a la presentación del libro el 18 de marzo a las 19:00 en Pangea (Calle del Príncipe de Vergara, 26, Madrid). Podéis reservar plaza pinchando aquí:

El autor, con su «amiga» Pepa

El título es poderoso y desconcertante: Mi madre se convirtió en pájaro. ¿En qué momento entendiste que esa frase no era solo una anécdota escuchada en la selva, sino el eje simbólico de todo el libro?

Pues la verdad es que fue algo casi inmediato. La atracción por hacer este viaje fue muy poderosa enseguida, como si encerrara un mensaje oculto, y cuando estaba allí, y escuché esa frase como explicación al hecho de que un chamán no encontrará el momento para verme, entendí de inmediato que era un buen inicio para un relato o que incluso podía ser el título. Tiene más capas de las que aparenta de entrada.

El viaje que narras ocurrió hace años, pero el libro nace desde la distancia. ¿Qué cambió entre el reportero que vivió aquella experiencia y el autor que la escribe hoy?

Diría que en realidad lo que ha cambiado es el mundo. Con el tiempo he podido revisitar lugares que han perdido su brillo original. Pero el Manu, en cambio, retiene buena parte de su esencia. Creo que en su día hubiera narrado simplemente lo vivido, mientras que ahora cuento con un bagaje que me ha permitido invitar al lector a la reflexión sin caer en la moralina.

Ahora cuento con un bagaje que me ha permitido invitar al lector a la reflexión sin caer en la moralina

En el prólogo hablas de los “ríos voladores” y del punto de no retorno de la Amazonia. ¿Este libro es un ejercicio de memoria, un acto de nostalgia o una advertencia deliberada?

Creo que un poco las tres cosas. Antes viajabas para descubrir un mundo desconocido, del que tenías poca idea previa. Hoy, esa incógnita total es difícil que se dé, aunque la vivencia sobre el terreno sigue siendo insustituible. Justo por ese motivo, un relato que vuelve la vista atrás se tiñe inevitablemente de nostalgia. Y sí, en los tiempos en que vivimos, estamos obligados a advertir sobre ese futuro que en realidad ya es presente.

Cuestionas la idea del “lugar auténtico” y el turismo como consumo rápido de experiencias. ¿Es posible viajar hoy sin caer en el exotismo o en la apropiación simbólica del territorio que visitamos?

Mira, me preguntan a menudo sobre cómo viajar barato, y siempre respondo que con tiempo. Además, si viajas sin prisas, te da tiempo de empaparte del lugar, de no tomártelo como si fuera “fast food”. En casos así, te apropias del lugar como algo íntimo que luego puedes elaborar en casa. Pero, cuidado, no hay que caer en la trampa de pensar que por pasar un período en un lugar o vestir con cierta ropa te van a confundir con un local.

Madre de Dios

El libro combina aventura, reflexión ecológica y una mirada crítica hacia ciertos relatos heroicos del explorador occidental. ¿Qué te interesa desmontar de esa tradición?

Me da mucho fastidio el tipo de relato en el que el narrador del viaje se convierte en protagonista absoluto. En la época de los grandes exploradores siempre era así, ya que lo que se buscaba era gloria y reconocimiento al regresar, pero ahora el mundo ya está al descubierto por lo que corresponde hacer es conocer y conservar. Para contar heroicidades, mejor nos dedicamos a la ficción.

El encuentro con el chamán y la cosmovisión indígena aparece sin folclore ni caricatura. ¿Cómo se escribe sobre lo sagrado ajeno sin traicionarlo?

Con alguna dificultad… y con respeto. En distintos viajes he podido comprobar como el hombre siempre tiende a un cierto misticismo, e incluso he sido testigo de situaciones que escapan a la explicación racional, como curaciones que podrían parecer milagrosas, así que la conclusión es que hay muchas maneras de entender y relacionarse con el mundo, y que todas son válidas.

He sido testigo de situaciones que escapan a la explicación racional, como curaciones que podrían parecer milagrosas, así que la conclusión es que hay muchas maneras de entender y relacionarse con el mundo

Hay una frase que atraviesa el libro: lo que entonces fue descubrimiento hoy es responsabilidad. ¿Crees que la literatura de viajes debe asumir un nuevo papel en esta época de crisis climática?

Absolutamente. Tanto los libros como cualquier otro soporte o canal de comunicación tiene un papel trascendental en la formación de consciencias. En la revista Viajar, por ejemplo, una de las primeras cosas que hice fue suprimir la sección dedicada a la sostenibilidad, porque hoy cualquier viaje debe estar vinculado e algún modo a esa mirada consciente: todos los temas que se publican deben tenerlo en cuenta.

Después de escribir este libro, ¿sigues creyendo en la idea del viaje como transformación o la verdadera transformación ocurre cuando regresamos a casa?

Todos viajamos con nuestra maleta a cuestas. Tú siempre eres tú mismo, aquí o en otro lugar, así que mientras dura la ruta, te adaptas o te sientes incómodo. Ya de vuelta es cuando descubres qué has aprendido y, con suerte, incorporado a tu esencia.

Si el Manu pudiera responderte hoy, años después de tu paso por allí, ¿qué crees que te diría?

Espero que estuviera feliz de que me acordara de esa selva todavía virgen y que me invitara a tomar algo mientras repasábamos anécdotas el atardecer.

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