Coimbra: los muros de letras

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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el viaje

En Coimbra los muros son de letras. La ciudad pareciera haberse construido para pensarla y vivirla, en ese orden. Coimbra es la quinta esencia del Portugal de la nostalgia y los fados tristes que allí suenan tanto a condena como a esperanza. La Universidad, la más antigua de Portugal y una de las más viejas de Europa, domina la urbe desde su atalaya de piedra. Es como si lo observara todo, con la ciudad a los pies, para advertir a sus habitantes de que las vísperas son aquí un después. Luego, entre sus callejuelas estrechas y empinadas, la ciudad habla en sus muros llenos de mensajes de rebeldía, la rebeldía del que decidió pensar antes que existir.

Coimbra se patea desde su famada Universidad (1290), corona de la ciudad, hacia abajo. Yo tengo la suerte de hacerlo con Ana Paula y Victor, algo más que dos amigos, que me enseñan las vísceras de su tierra. Ella estudió allí y vive el lugar como algo propio. Habla de Coimbra como si cantara un fado: en pasado, presente y futuro.

Los limpiadores del complejo es lo más singular de este recinto: habitan dentro murciélagos que se encargan de comerse por las noches los bichos que pueden atacar a la reliquias de papel

Hay que pagar entre siete y nueve euros para comenzar la visita por la zona histórica del complejo universitario, antigua alcazaba árabe y posterior palacio y sede de la incipiente monarquía lusa. Se cruza la escultural Puerta Ferrea y se accede a un gran patio en el que se funden arte e ideas. Antes, en el pasillo de acceso está la capilla de San Miguel, que Ana Paula me explica que estaba abierta en época de exámenes 24 horas para que los estudiantes rogaran un aprobado.

La vieja Universidad y Palacio conserva el esplendor de los tiempos pretéritos. La biblioteca “Joanina” es una amalgama de libros antiguos  rodeados de frescos y un artesonado de estilo barroco impactante. “Los limpiadores del complejo es lo más singular de este recinto: habitan dentro murciélagos que se encargan de comerse por las noches los bichos que pueden atacar a la reliquias de papel”, me explican mis amigos. Luego está la “Cárcel Académica”, la “Escalinata de Minerva”, el Palacio Rectoral, el Paraninfo… (la información la dan a la entrada, así que no me entretengo en explicar más el edificio). Pero lo fascinante de la Universidad es ver a los estudiantes vestidos con sus tradicionales capas negras, a las tunas pasear sus instrumentos y su voz por la ciudad, a las hermandades hacer sus ritos de iniciación con la inocencia de quien sabe que le queda por delante parte de los años más divertidos de su vida. Ser estudiante en Coimbra tiene algo distinto. Quizá sea por su larga escalinata de subida al recinto que dice la tradición que hay que bajar y subir varias veces para tener éxito en los estudios. Yo, con los aprobados ya hechos, me dedico sólo a mirarla.

“Queima de las Fitas”. En la escalinata del templo, justo a las doce de la noche, cuando suena la última campanada, se escucha el solitario acorde de una guitarra

Desde la Universidad descendemos por el entramado de calles estrechas y empedradas que lleva hasta la catedral vieja. Allí me explica Ana Paula que se realiza cada año cuando acaban los exámenes, en mayo, la conocida como “Queima de las Fitas”. En la escalinata del templo, justo a las doce de la noche, cuando suena la última campanada, se escucha el solitario acorde de una guitarra. Sólo se escucha eso, un acorde de guitarra que rompe el silencio entre miles de personas que abarrotan la plaza y los alrededores. Comienza una serenata melancólica que recuerda el principio y el fin que tanto marca a un país empeñado en reinventarse siempre desde el pasado. A ella se le encienden los ojos al recordarlo.

La ciudad se desploma después hacia el río Mondego, el más largo de los que nacen en Portugal. Calles de muros desgajados donde siempre encontrar una pintada reivindicativa. Coimbra fue uno de los focos claves en las revueltas que acabaron con la dictadura de Salazar en 1974. ¿Qué decir de un país que hizo una revolución con claveles?  O como dice el genial Manolo García “¿que por qué claveles para una revolución?

“A Capella”, una vieja capilla reformada donde se escuchan fados hasta las doce de la noche

Dese abajo, el río, especialmente por la noche, la ciudad es evidente. De la Universidad cuelgan todas las casas, que se sujetan en equilibrio a los muros de la vieja escuela. Bella estampa. Hay que visitar también la Quinta de las Lágrimas, hoy hotel de lujo, donde el imaginario popular dice que quedó tatuada en la roca la sangre de la española Doña Inés de Castro, amante del príncipe heredero Don Pedro, y cuya cruel muerte por motivos políticos fabricó una sublime historia de amor que acabó con la coronación de ella como reina después de muerta. Las manchas rojizas de la roca que simulan su muerte son debidas a un alga, pero qué más da eso en un lugar en el que los muros se revisten de palabras. Todo se puede inventar en Coimbra.

Por último queda el fado. “Aquí es más triste que en Lisboa, sus letras son más profundas”, me explica Victor. Me gusta esa capacidad portuguesa de llorar sonriendo que les ha hecho tener una palabra tan bella como propia, “saudade”, que significa “echar de menos”. Una palabra donde el resto necesitamos una expresión. Mis amigos me llevan a “A Capella”, una vieja capilla reformada donde se escuchan fados hasta las doce de la noche. Ahí, enclavada en un recodo de una calle por la que apenas hay espacio para que gire un coche, la ciudad se apaga escuchando letras como ésta que describen su alma. ¡Saudade Portugal!

Coimbra é uma lição
De sonho e tradição
O lente é uma canção
E a lua a faculdade
O livro é uma mulher
Só passa quem souber
E aprende-se a dizer saudade

Coimbra do choupal
Ainda és capital
Do amor em Portugal, ainda
Coimbra onde uma vez
Com lágrimas se fez
A história dessa Inês tão linda

Coimbra das canções
Coimbra que nos põe
Os nossos corações, à luz…
Coimbra dos doutores
Pra nós os seus cantores
A fonte dos amores és tu.

recomendaciones para comer y tomar una copa

Para comer

A Taberna. Restaurante de comida tradicional portuguesa. La carta es muy variada y de mucha calidad. El local guarda la esencia de las viejas tabernas lusas. Mis anfitriones portugueses me indicaron que era su favorito en la ciudad. Muy recomendable. Rua dos combatentes da grande guerra, 86. Tfn: 239 716 265

Praxis. Restaurante moderno, acristalado y con unas excelentes vistas del casco histórico. Fabrican cerveza y tienen una ración de tapas excelente. Los mejillones o las patatas bravas, muy buenos. Urbaanización Quinta da Várzea, lote 29, Santa Clara. Tfn: 239 440 207

Para tomar una copa

Botânico Bar. Un local pequeño, de dos plantas, donde tomar la mejor copa de Coimbra. Un secreto reservado sólo a profesionales de la ciudad. Rua Bairro de S. José nº 5

NB Club. Discoteca perfecta para nostálgicos de los 80 los viernes por la noche. Música de la década en un espacio cerrado y grande donde bailar y tomar una copa. A propósito, en Portugal está permitido fumar en la mayoría de espacios cerrados sean bares o restaurantes. Se llena a partir de las tres de la mañana de ambiente universitario. Rua Venâncio Rodrigues 11 a 17

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