El fin de fiesta

Por:

Javier Brandoli, corresponsal VaP en Sudáfrica
Terminó el Mundial del color y las vuvuzelas. Sudáfrica saca pecho tras demostrar que ellos están también capacitados para ser anfitriones de una fiesta. Ninguna de las catástrofes anunciadas se cumplió. Fue el Mundial de África, en global, en mayúsculas. Nunca escuche tanto silencio en Ciudad del Cabo como cuando Ghana falló aquel penalty que les descolgaba del sueño de jugar las semifinales. Se pasó de la locura de las vuvuzelas tronando a destiempo al más absoluto silencio. Vi aquel día lágrimas de africanos, de distintos países, que sentían como suyo el equipo de las “black stars”. No creo que ningún europeo sienta como suyo el país con el que comparte frontera. Vaya, quizá no sea tan tópico hablar de África en global cuando se cruza el Sahara.
Sudáfrica es el orgullo de un continente. Es el país que cerró los colegios durante un mes; el de los alocados minibus; el de las gentes que bailan, también, en la derrota. Para venir aquí y disfrutar de la fiesta sólo hay que tener la mentalidad un poco más abierta. Si la World Cup tuvo ambiente fue porque los locales asumieron cada envite como propio. Había más sudafricanos vestidos de la roja en cada encuentro que españoles. Se apagaron las luces a la vez que Sudáfrica se despierta.

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