La sangoma (curandera) y un brebaje llamado “cerveza africana”

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
Previous Image
Next Image

info heading

info content

Entramos en una pequeña habitación de una de las casas de la zona más pobre del township de Kayelitsa. Una mujer prepara un brebaje, que llaman “cerveza africana”. Usa sus manos constantemente para remover un líquido de color rojizo hecho con unas hierbas. En una pequeña habitación contigua nos espera la sangoma y dos de sus aprendices. Nos sentamos; separamos unas gallinas vivas que revolotean por el habitáculo y se sucede ante nosotros un ritual inesperado.

Las sangomas son una especie de curanderas ancestrales. Una cultura basada en las hierbas, las creencias en el más allá y sus símbolos. Se calcula que en Sudáfrica hay más de 200.000. Son personas respetadas y a las que se acude en busca de ayuda física o consejo espiritual. Cada sangoma prepara a otras aprendices (generalmente son mujeres, aunque en nuestra sala hay un joven aprendiz); le enseña la cultura heredada de sus antepasados. Para nosotros se trata de un espectáculo incomprensible. Las cinco personas que entramos en la pequeña, muy pequeña habitación, nos quedamos helados cuando comienza una hora de música y baile.

Primero comienza a cantar la que parece la hechicera. Gruesa, de ojos grandes y manos para partir sandías, se arranca a dar palmas y cantar. Inmediatamente le siguen dos mujeres, también mayores, que han entrado en la habitación (ya expliqué en la anterior entrada la ley sudafricana que permite que donde caben tres personas entren quince; aquí también es aplicable). Pronto sus voces retumban; dan palmas; sonríen; sudan; mueven los pies, … Una especie de trance pasajero; un ritual de voz y cuerpo que se convierte en movimiento y sonido ante nuestros ojos. Llega a sobrecogerte la escena. ¿Y qué hacer cuando un grupo de turistas ha comprobado durante más de dos minutos, seguidos, que está ante un espectáculo que representa a la perfección que se está en un rincón del mundo? Lo lógico: medio millón de fotografías. Es cierto que Carles y yo nos dedicamos a la fotografía y ganamos dinero con ella; es cierto que Michelle, una brasileña, tiene un blog enfocado al periodismo; pero es cierto también que, cuando ya nos fuimos, entendí que habíamos demostrado que nos importaba tres cojones cualquier cosa que no fuera una foto deslumbrante. Es lo malo de la pasión por las cámaras, que dejas de mirar con tus ojos para mirar a través de un objetivo. En ocasiones es mejor olvidarla para poder vivir la experiencia con la piel.

es cierto también que, cuando ya nos fuimos, entendí que habíamos demostrado que nos importaba tres cojones cualquier cosa que no fuera una foto deslumbrante

Más de cincuenta minutos después, el calor rezuma, las gallinas están hasta los mismos de que las aplastemos y digamos “sorry” y las señoras nos miran con cara de ¿por qué no os vais a tomarles más fotos a vuestras madres? Ironía aparte, la experiencia es inolvidable. Durante casi una hora todo lo que ha pasado en estos ocho metros cuadrados de arena, cartón y madera es una de las experiencias más extrañas de mi vida. Unas niñas terminan, como jóvenes aprendices, de bailar y cantar. Son pequeñas, preciosas y llevan en los tobillos hileras de caracolas que hacen sonar al ritmo de sus caderas.

Al final, la sangoma intenta curar la dolorida rodilla de Michelle, que se había dañado por la mañana. Prende unas hierbas, canta y le masajea con fuerza (a tenor dela cara de Michelle una hora después, el resultado se puede calificar de no muy satisfactorio e incluso preocupante. En concreto, iba casi arratrándose). Mientras, nosotros probamos la cerveza africana sin espuma ni aceitunas. Sabe a humo, a ceniza (terrible. Si os dan a elegir, vosostros pedir masaje, que al menos pone incienso ). Salimos a la calle. Decenas de niños nos miran con asombro y se acercan a nosotros. Somos blancos en medio de un lugar no común para ellos. Regresamos a la realidad. Regresamos a casa.

Búsquedas realizadas:

  • Share

Comentarios (3)

  • ricardo

    |

    Supongo que nadie te explicó que no era cerveza de barril y que no ponían tapa, ja, ja.. Un abrazo socio!

    Contestar

  • Javier

    |

    Lo mejor es que no me explicaron nada. Ya estoy mirando nuestro viaje. Ya te contaré (tenemos mil posibilidades)
    Un abrazo

    Contestar

  • Ana

    |

    Qué penilla que no pueda escribir el comentario que se me viene a la cabeza.. No tiene nada que ver con la cerveza…
    Vuelve

    Contestar

Escribe un comentario

Últimos tweets

No tweets found.