Un safari en un Volkswagen Polo

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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Hay más de nueve horas de coche entre Cape Town y Upington, la capital de Northern Cape (860 kilómetros). Nueve horas de paisaje desértico, que va saturando los tonos de la tierra, dorada y roja, subidos a un Volkswagen Polo que hemos alquilado por 26 euros al día (todo el mundo sabe que un Polo es el coche perfecto para ir de Safari; días después comprobaríamos nuestro indudable acierto).

Llegamos de noche, tras rectas interminables y vacías (puedes pasar 60 minutos sin cruzarte con nadie), tras coger un carretera secundaria, la R-27, que va dejando a los lados impresionantes fotos de tierra árida, manchada de algunos árboles y piedras negras. Upington está vacío; sus calles ya oscuras apenas enseñan vida. Por intuición llegamos hasta el río Orange, donde sabemos que están la mayoría de alojamientos (B&B, Guest House…). Decidimos preguntar en una casa que se llama La Riviera. Nos atiende una señora a la que bautizamos con el nombre de Nancy (es clavada a la esposa de Ronald Reagan). Comienza un juego de regateo en el precio en el que la mujer, que ve que a los siete de la tarde no va a tener otra oportunidad de alquilar las dos únicas habitaciones de la casa, acaba bajando el precio a la mitad, 25 euros por persona y nos regala tres vasos de vino. (Si aguantamos un poco nos acaba pagando ella). Un acierto, el sitio tiene un jardín que cuelga de la orilla del Orange y las vistas son increíbles.

Por un estrecho cañón se despeña un torrente de agua.  Los khoisanes las llaman Aukoerbis (lugar de mucho ruido)

A la mañana siguiente, vamos a nuestra primera cita: Augrabies Falls (cataratas). Por un estrecho cañón se despeña un torrente de agua.  Los khoisanes las llaman Aukoerbis (lugar de mucho ruido). El sitio es perfecto para los amantes del agua en su estado más salvaje. No son unas cataratas inmensas, pero todo el conjunto está lleno de encanto. Decidimos hacer noche en el propio parque, rodeados de las decenas de monos que allí viven y  emborrachándonos con el mal vino que compramos en el supermercado para intentar olvidar la pésima cena (lo de la comida aquí ya lo he dado por perdido; ya lo contaré en otra ocasión). Dormimos con sacos, bajo un cielo encendido. Alquilar un chalé con cama doble cuesta en torno a los cien euros. Lo bueno es que en el siguiente amanecer estás paseando por las cataratas prácticamente solo.

Tras nuestra primera parada, emprendemos camino a nuestro verdadero objetivo: hacer un safari. Vamos al Parque de Kgalagadi, al norte, pegado a las fronteras de Namibia y Botsuana (en realidad estamos en el Kalahari pero llamado aquí de otra forma). No hemos reservado habitación en ninguno de los distintos tipos de alojamiento posibles (camping o lodge), algo que aconsejo a los que vayan (particularmente bonito es el Kalahari Tent). Sólo queda plaza en el primer complejo, pegado a la entrada, el Twee Rivieren Rest Camp. Cuesta cien euros por noche la casa con cuatro camas. Nos apuntamos a una primera excursión que ofrece el parque en camión para turistas con cámaras. Lo cierto es que de repente trota un ñu junto a nosotros; luego un jackal; luego un gemsbock (yo tampoco sabía lo que era un gemsbock)… El camión es realmente un horror, pero las imágenes son las que uno tiene en su cabeza desde la infancia.

Vamos al Parque de Kgalagadi, al norte, pegado a las fronteras de Namibia y Botsuana (en realidad estamos en el Kalahari pero llamado aquí de otra forma)

Al día siguiente decidimos reservar en un nuevo hotel dentro del parque, en Gossob (100 euros, también la casa). 160 kilómetros de tortuosa carretera para un utilitario (seis horas). Todo lo que vimos es inolvidable para un tipo que se trago de pequeño toda la saga de Tarzán: naturaleza en estado puro. Manadas salvajes; avestruces que cruzan frente a nuestro coche; antílopes, un montón de bonitas aves de las que desconozco nombre o marca… Eso sí, ningún guepardo ni león, que son las joyas más difíciles del parque. Por la noche, desde nuestra casa tomada por los mosquitos, escuchamos los estruendosos gritos de las hienas. Todo dentro de un paisaje desértico salpicado de sabana. Por supuesto, cuando vimos que éramos el único utilitario recorriendo las empedradas carreteras entendimos que quizá no era la mejor opción; algo que corroboramos cuando dos días después, al volver a Upington, llevábamos dos ruedas pinchadas. (A propósito, nos trataron en los dos talleres que estuvimos de forma espectacular: no nos cobraron, nos ayudaron con todo y hasta nos ofrecieron alojamiento. En España, tres guiris llegan con un pinchazo a un taller y salen con 2.300 euros menos y el coche pintado de rosa).

Northern Cape es uno de los lugares menos conocidos de Sudáfrica. A nosotros nos ha parecido un lugar tocado por la magia de lo auténtico. ¿En cuántos lugares puede uno hacer un safari con un Volkswagen Polo?

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Comentarios (2)

  • Miss éxodos

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    Envidia. De la mala y de la buena. Mucha. A toneladas. Disfruta. Sé que lo haces. Sé que seguirás haciéndolo. Dira te echa de menos.

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