Sargadelos, Lugo: historia del humo

Por: Edu & Eri (texto y fotos)
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el viaje

Santiago de Sargadelos es una parroquia perteneciente a Cervo, un municipio enmarcado en la desconocida Mariña Lucense. Desde el punto de vista turístico ofrece playas y espacios naturales, pero el viajero ávido de Historia encontrará algo más. Y es que Sargadelos es testigo mudo de cómo entre finales del siglo XVIII y principios del XIX llegaba a España el primer capitalismo industrial basado en un estricto control de la producción y de los trabajadores fabriles. De la mano de Antonio Raimundo Ibáñez, uno de los industriales más importantes de la Historia de España, se creó una impresionante fábrica de cerámica que distribuyó durante décadas sus lujosas piezas por todo el mundo. El impacto de la labor emprendedora de este empresario de origen asturiano modificó profundamente el entorno, y hoy en día es fácil rastrear sus huellas con un recorrido en coche por la zona.

El litoral de Lugo es, quizá, la zona de costa menos conocida de toda España. Causa de esto (o quizá consecuencia) es lo lento y tedioso que es un viaje hasta allí, pues desde las grandes ciudades del norte, desde Madrid o desde Barcelona siempre hay una cosa asegurada: interminables horas de coche transitando por carreteras secundarias de todo tipo. A pesar de todo si se está en A Mariña Lucense, que es como se denomina oficialmente la región, el baño de arqueología industrial que proponemos en este artículo es imprescindible.

Un buen punto de partida para el viajero es la moderna planta circular de Sargadelos, puesta en marcha en 1970. A pesar de que el proyecto original había cerrado casi una centuria atrás, la huella en la región era tan grande que desde mediados del siglo XX se venían produciendo cerámicas con tierras del lugar. El proceso en el que tomaron parte diversas iniciativas cristalizó con la apertura de esta nueva planta industrial que hoy es visitable al público. Mezclando la última tecnología con métodos de trabajo tradicionales se elabora una cerámica que se distribuye por todo el mundo, y el recorrido por el interior de la factoría es una interesante aproximación a una dinámica de producción totalmente desconocida para muchas personas.

Aunque esa visita es muy llamativa quizá el mayor interés reside en los restos arqueológicos de la fábrica original, que están a un par de kilómetros de allí. Coger el coche y recorrer el verde paisaje lucense es una experiencia fascinante, pero hay que prestar atención para no pasarse el Museo Histórico de Sargadelos. La entrada es gratuita y en él se repasa, de manera más extensa, la labor de Antonio Raimundo Ibáñez y el papel de la cerámica de Sargadelos como motor económico de la zona. El visitante encontrará allí paneles informativos y piezas históricas, pero sin duda lo más enriquecedor es el trato con el personal del museo. Es gente de la zona, que con la amabilidad y el carácter especial de los gallegos está siempre encantada de conversar sobre anécdotas históricas, sobre propuestas para conocer el entorno o sobre la mejor manera de preparar caldo gallego.

A veces las piedras hablan, y en este caso basta con cerrar los ojos para sentir el bullicio fabril de otro tiempo

Una vez hayamos recorrido el museo y tratado con la entrañable gente del lugar el camino nos llevará, por fin, a los restos arqueológicos. Están al aire libre y probablemente puestos en valor serían mucho más interesantes, pero aún así el visitante encontrará en ellos un auténtico pasaporte al pasado. Las ruinas de la antigua Real Fábrica de Sargadelos, del pazo de Antonio Raimundo Ibáñez, el edificio de las caballerizas y los restos de los altos hornos se visitan se disfrutan poco a poco, a sorbitos. A veces las piedras hablan, y en este caso basta con cerrar los ojos para sentir el bullicio fabril de otro tiempo. Llegados a este punto surge una duda propia de la poca atención que dedican los mandatarios españoles al patrimonio del país: ¿Si este yacimiento estuviera ubicado en Alemania o Francia estaría mejor conservado? El debate está servido, aunque la respuesta parece obvia.

Un broche de oro perfecto para esta visita es recorrer el Paseo dos Namorados o Paseo de los Enamorados, un precioso itinerario de poco más de un kilómetro. Sale desde las propias ruinas de la fábrica y en él se hace una incursión por la naturaleza especialmente reconfortante. El sonido del río Junco, una pequeña cascada y la espesa frondosa vegetación decoran un lienzo sencillamente delicioso. Aquí queda aparcado el cariz histórico de la excursión para dejar paso al deleite de los sentidos a través de un entorno paradisiaco. Lo dicho, un punto y final fantástico para un recorrido por una zona poco conocida de la Península Ibérica.

el camino

Llegar a Sargadelos no es demasiado sencillo. La ristra de carreteras secundarias que hay que coger desde cualquier punto es interminable, aunque también es cierto que al ser una de las principales referencias de A Mariña Lucense está señalizado por toda la región. Por tanto, lo que hay que hacer es desplazarse en coche al norte de la provincia de Lugo desde nuestro lugar de origen: dos horas desde Gijón y A Coruña, tres horas desde León, seis horas desde Madrid… Una vez allí hay que llegar al Concejo de Cervo, bien comunicado por la N-642. En su interior está todo lo que protagoniza este artículo, y aunque aún habrá que tomar algunas carreteras más (LU-1508 y LU-1505) la señalización hace que no tenga pérdida.

una cabezada

Aunque es un destino con unas playas envidiables, más que hoteles en este caso el alojamiento más recomendable son las preciosas casas rurales diseminadas por toda la comarca. Casa do Batán o A Casa de Piego son sólo dos preciosas posibilidades de las muchas opciones que ofrece el entorno.

a mesa puesta

A sólo 10 minutos de la fábrica de Sargadelos está Burela. Allí, en su casco urbano se encuentra el hotel-restaurante El Palacio de Cristal. En él, por muy poco dinero se pueden degustar los mejores productos de la tierra: pulpo a feira, caldo gallego, churrasco… No está en un lugar muy llamativo, pero realmente merece la pena.

muy recomendable

A Mariña Lucense es una de las zonas menos conocidas de España. Sin embargo, es un destino totalmente recomendable desde infinitos puntos de vista: deliciosas playas, turismo cultural, senderismo por la naturaleza… Quizá para una escapada de fin de semana se tarde demasiado desde muchos puntos de la Península Ibérica, pero no es ninguna tontería pasar allí un puente o una semana en verano. Para que estas palabras no queden en nada, lo mejor es entrar en Google, ir al apartado de imágenes y empezar a teclear cosas como “Playa de las Catedrales”, “Pozo da Ferida” o “Mondoñedo”. Es imposible que no entren ganas de hacer las maletas.

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