Poder habitar una isla desierta, sin electricidad ni agua corriente, en medio del mar Caribe es una experiencia única. Dormir al raso en noches de cielos estrellados bajo la única luz de una hoguera. Naturaleza en estado puro.
Es sin duda uno de los sitios más bonitos por los que he pasado en África. Al norte de Namibia, lugar de difícil acceso, hay unas cataratas espectaculares. Junto a ellas la primitiva tribu de los himbas y sus ancestrales costumbres que se venden al dolar. Un mundo fascinante.
Sargadelos es una parroquia lucense con poco más de 150 habitantes. Pudiera parecer un lugar sin importancia, pero en su corazón esconde la fábrica que introdujo el primer capitalismo industrial en España, por Edu&Eri.
En el sudeste de Marruecos, en la frontera con Argelia, está una de las puertas del Sahara, tierra de bereberes. Es sin duda uno de los lugares más bellos de los que he tropezado en el planeta. Un atardecer perfecto, sentado sobre las dunas. Las fotos hablan por sí solas.
El 9 de octubre de 1937 la avioneta de James Crawford Angel -Jimmy Angel- tocaba la cima del Auyán-tepui. Era la primera vez que un ser humano hollaba el Auyán. El tren de aterrizaje se partió en tan osada maniobra y la avioneta quedó inservible para despegar. No había alternativa, había que salir a pie. Casi medio mes tardaron el explorador Jimmy Angel y sus compañeros de expedición en encontrar el único camino de bajada y descender de la cima del Auyán-tepui hasta el campamento Uruyén, donde esperaba Félix Cardona. Sólo tenían víveres para una semana. Pero esta historia comienza unos años antes…
Fuera del centro monumental de Praga existe una colina en la que está enterrada la historia de la República Checa. Un cementerio, una iglesia y unos jardines llenos de apasionantes leyendas. Un lugar tan bello e inquietante como la gran ciudad que nació a sus pies. Todo comienza con la vida de la princesa pagana Libuse y una profecía...
No fue fácil dejar Sudáfrica, la Policía estuvo toca pelotas, riesgos de las fronteras, y querían que yo pagará una multa porque me había caducado la visa. “Llama a tu jefe -le dije-, pero ahí pone claro que tengo permiso hasta el 15 de septiembre”. El tipo debió pensar que me iba a poner pesado y que era más fácil estamparme el sello y que me perdiera por el desierto de Namibia. Salimos.
El Djem es un lujo, a veces olvidado, que espera al viajero amante de la historia en mitad de la más seca nada. No está en una bella ciudad, ni rodeado de un paisaje fascinante.Sin embargo, se trata de un sitio tocado por la magia del hombre.