Cuando estaba considerando una salida digna, o sea la posibilidad de llamar a la ofi para decir que estaba enfermo ya en mi segundo día, un par de sombras me asaltaron de improviso por la espalda y me cogieron por las axilas. – “¡Vaya, lo que faltaba, resaca y secuestro express para desayunar!
Me cuenta sus viajes por África desde el Congo hasta Angola. Martin es un excelente conversador y salta de un tema a otro con la agilidad y la decisión de un funambulista, te pone un manjar entre los labios para rápidamente arrebatártelo y sacar otro conejo de la chistera aún más gordo y suculento.
“Renamo, Renamo, ¿dónde está la sangre de tu hermano Frelimo?”, les decía, o viceversa, parafraseando la historia de Caín y Abel. Todos miraban, callados, y algunos comenzaban a llorar. Estaban desechos. ¿Quién esté libre de pecado, quién no haya matado, que tire la primera piedra? Volvían a callar, a llorar”, recuerda.