Imprescindible despojarse de cualquier cliché sobre el país de los ayatollahs y de las mujeres embutidas en negro, que también. Irán es un país fascinante, rebosante de historia y de contrastes, que hay que recorrer sin temor para disfrutar de todos sus encantos
Las rinoplastias están causando furor en el país desde hace un par de años, en especial entre la clase media alta. Por apenas mil euros, eliges una nariz a la carta que en el caso de la mayoría de chicas suele ser la misma, larga y rectísima para realzar las facciones. “En Irán las chicas no podemos mostrar mucho de nosotras, así que lo que puede verse, queremos que esté perfecto”, confiesa Neda.
Disparan unos contra otros, madres, tíos, sobrinos… incluso a sus propios hijos. Disparan abuelitos con bastón, y mujeres ataviadas con hiyab, negrísimas como cuervos. Desenfundan sus móviles y pasean entusiasmados con sus palos selfies al hombro. Si no tienes cuidado los iraníes disparan contra ti, mientras te abrazan sonrientes y te piden que mires al pajarito. La revolución selfie ha llegado al país para quedarse y entre las ruinas de Persépolis arrecia una balacera de flashes.
En un lugar donde compartimos espacio con el lobo, jabalí, marál, oso y leopardo es aconsejable averiguar que animal puedes tener cerca y cual es tu posición respecto al viento. Es como estar en un constante juego de máscaras. No es un trabajo peligroso en absoluto pero sí apasionante.
Un obispo atemorizado en Uzbekistán, una sacerdote que tañe las campanas en Irán, un grupo de mujeres que fuman y no llevan velo en Irak, una comunidad de cristianos respetados en Siria, una catedral junto a una mezquita en Líbano, un hombre que se niega a irse "de la tierra en que nació Jesús" en Jordania. Un gran reportaje del cristianismo en Oriente Medio.