Los fin de fiesta no son nunca fáciles. La World Cup dejó en Sudáfrica un rastro de nostalgia, de calma nueva. Las calles fueron vaciándose de gente, de ambiente, de noches locas y volvieron, en parte, las sombras.
Las ciudades tienen siempre un olor personal. Una especie de bofetada nasal que no se te olvida. Siempre que vuelves al mismo lugar recuerdas el olor característico que allí aprendiste a masticar. Ciudad del Cabo no me olió a nada.