En un lugar donde compartimos espacio con el lobo, jabalí, marál, oso y leopardo es aconsejable averiguar que animal puedes tener cerca y cual es tu posición respecto al viento. Es como estar en un constante juego de máscaras. No es un trabajo peligroso en absoluto pero sí apasionante.
Avanzamos al paso por el valle de Karkara, frontera entre los actuales Kazajstán y Kirgizstan, un límite impuesto por Stalin a un mismo pueblo. El cielo es plomizo y la nevada se anuncia en el viento frío que nos golpea la espalda. Los caballos se impacientan y Ari, mi guía, con ellos.