Kirgizstan: la persecución del lobo de las montañas

Por: Juan Ramón Morales (texto y fotos)
Previous Image
Next Image

info heading

info content

“Nada bueno vendrá nunca del Este…”, es la lapidaria formula con la que un monje italiano sentencio a los mogoles en la era más oscura de Occidente.

Una raza a caballo que, desde el corazón de las frías estepas de Asia, había barrido de un plumazo imperios y ciudades legendarias, llevando a cabo algunos de los mayores movimientos de población de la historia.

Junto a los mogoles, rozando los límites clásicos de China, junto al Tien-Shan, las “montañas celestiales” de las leyendas chinas, llegaron varios grupos desde las cuencas de los grandes ríos siberianos, como el Yenisei. Misma cultura, misma costumbres, aunque distinto lenguaje. Cuarenta familias míticas de las que brota la conciencia nacional de un pueblo en constante cambio, los Kirgizes (Kirk Iz, en su lengua, significa precisamente eso, cuarenta ramas…).

Una Ruta de la Seda en ruinas les acogió como salteadores y guías, y en este paisaje único en Asia, donde montañas de 7000 metros se levantan sobre llanuras y lagos de enorme belleza, enlazaron una serie de mitos que han forjado uno de los poemas épicos más increíbles de la literatura mundial, Manas, las hazañas de un héroe quizá real…

Eso quiere decir que los pasos de montaña que queremos atravesar pueden estar bloqueados por la nieve y no podremos continuar hacia la base de alpinistas de Inylchek

Avanzamos al paso por el valle de Karkara, frontera entre los actuales Kazajstán y Kirgizstan, un límite impuesto por Stalin a un mismo pueblo. El cielo es plomizo y la nevada se anuncia en el viento frío que nos golpea la espalda. Los caballos se impacientan y Ari, mi guía, con ellos. Estamos en Junio y casi no hay yurtas, las típicas tiendas de fieltro de los Kirgizes, en el valle. Eso quiere decir que los pasos de montaña que queremos atravesar pueden estar bloqueados por la nieve y no podremos continuar hacia la base de alpinistas de Inylchek, al pie de uno de los mayores glaciares de Asia.

Formas oscuras se mueven por el cielo. Águilas doradas en busca de marmotas o zorros, los únicos habitantes fijos del valle. Por detrás, siempre a distancia, un lobo famélico nos sigue desde hace dos días. Una de las yeguas que llevamos sangra, y el lobo ha venido siguiendo el rastro de sangre sobre las rocas peladas. Ari no está preocupado. “Uno no es un problema y más si se deja ver. El problema es no verlos “ dice. Para mí, la figura del animal, inspira un poco de lástima. Ayer, mientras desmontábamos el campamento, dejé un trozo de tocino sobre una piedra, bien a la vista, para el lobo. Quizá no debí hacerlo pero ya da igual.

Por detrás, siempre a distancia, un lobo famélico nos sigue desde hace dos días

Continuando por el valle, cuando este gira de golpe a la izquierda entre rocas cubiertas de líquenes naranjas, que dan al paisaje un aspecto extraño, aparece la primera yurta. Una niña sale a recibirnos con un enorme mastín, que ladra más allá de nosotros, donde el lobo ha desaparecido. Cuidando a su abuelo mientras sus padres recogen sus caballos en las tierras altas del valle, nos lleva a su yurta. Su abuelo, su cara un mapa surcado de valles y gargantas como nunca he visto, nos mira complacido mientras la pequeña prepara té en un samovar arcaico. Un té salado, hirviendo, pero que te hace revivir. No pruebo el kumis, leche de yegua fermentada, que hace unos días me provocó una diarrea que en un lugar como este era, cuando menos, incómoda….

El viejo habla con Ari, comenta el invierno pasado en su aldea valle abajo y el próximo verano. Pocas yurtas aún, pero llegarán, y el camino esta abierto hasta la base militar de Sary Djaz, donde un ilusorio campamento militar instalado por los soviéticos guarda la frontera con China,, que esta solo a unos kilómetros, a través del glaciares y de picos eternos. Toda una frontera natural, en la mejor concepción del término.

Al día siguiente comenzamos la ascensión de un collado, con las enormes águilas moviéndose a cada lado del cañón que guarda la parte alta del paso

Al día siguiente comenzamos la ascensión de un collado, con las enormes águilas moviéndose a cada lado del cañón que guarda la parte alta del paso. Y al final, en una pelada meseta, poco a poco, según vamos ganando altura, los picos del Tien-Shan van desfilando en un cielo puro y lleno de cristales de nieve. Ganando el collado, al otro lado del paso, un viento helado nos corta el paso, con el enorme valle de Sary Djaz a nuestros pies y la silueta del “Señor de los Cielo”, el mítico Khan Tengri, de 7000 metros, una pirámide casi perfecta de mármol, delante de nosotros. Sary Djaz significa “Primavera Amarilla”. “Hace tantio frío allí, que la hierba nunca verdea. Pasa del blanco al amarillo seco en una noche. Mucho frío”. Pero la increíble vista lo merece.

Descendiendo el paso por una pista horadada por los camiones militares, un rebaño de yaks nos mira con sorpresa. Acampamos a la vista del campamento militar, donde la estrella roja de antaño aún guarda la puerta del lugar y donde unos reclutas jovencísimos (dirigidos por un capitán ruso que no llega a la treintena) nos piden los papeles divertidos ante la inesperada visita.

Y aquí acampamos, frente a un ocaso donde las Montañas de Asia, con mayúsculas, se visten de rojo y la temperatura cae a pico. Y donde, dejando otro pedazo de comida en una roca, la única a la vista en este mar de hierba amarillenta, vuelve el lobo tras una loma. Un instante salvaje, otro más, en uno de los lugares más bellos que he conocido. Las montañas celestiales, el corazón de Asia, el calor de una yurta y los silencios cargados de historias de los Kirgizes, los hijos de Manas el guerrero.

  • Share

Comentarios (5)

  • Montañero

    |

    Esta revista no para de sorprenderme. Es una pasada los viajes que contáis. Yo soy aficionado a la montaña y me gusta la dedicación y espacio que le dais a las rutas de montaña. Además, que tengáis a Sebastián Alvaro es un placer para los que le hemos seguido durante años por TVE. Felicidades Juan Ramón por este relato. Me gustó mucho también el que hiciste de Pakistán.
    Pablo Cordón

    Contestar

  • ricardo

    |

    Juanra, enhorabuena, me has dejado con la boca abierta. Es un lujo leer tus historias en VaP ¿para cuando un viaje a las montañas de Kirgizstan? Tiene una pinta espectacular!

    Contestar

  • ana

    |

    Juanra, ¿necesitas estar acostumbrado a la montaña para hacer estar rutas?

    Contestar

  • Juanra

    |

    Hola Ana
    No, para nada. No es una ruta de montaña como tal. Todos los caminos son pistas que se pueden recorrer a caballo o a pie. La altura si es un asunto a cuidar, aparte de ir preparados para el frio. Pero perfecto para cualquier persona con ganas de aventura!

    Contestar

  • Marcela

    |

    Juanra, leyendo los relatos de tus viajes y de cada uno de los que hacéis esta página, los anhelos por descubrir los senderos del Mundo se disparan …… MUCHAS GRACIAS por compartirlos!, …. y espero que algún día no demasiado lejano pueda cumplirlos.

    Contestar

Escribe un comentario