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Rongbuk: cuando cae la noche

En Rongbuk, los ojos centelleantes de los perros salvajes acechan al turista que se aventura en la oscuridad; ponerse una lentilla es un espectáculo de magia negra; cualquier comistrajo, un manjar y dormir, empeño imposible. Cientos de botellas de cerveza vacías -a 5.000 metros de altura, afortunadamente, también se da de beber al sediento- se amontonan formando un muro con las mejores vistas del mundo: un amanecer en el Everest.

A los pies del Everest

Estamos por fin en Rongbuk, en el monasterio más alto del mundo, a los pies de la temible cara norte del Everest. El cielo está despejado. El Monzón nos ha echado una mano. La vista es soberbia, deslumbrante. No te cansas de mirar al Qomolangma, la diosa madre de las montañas. Es, sin duda, uno de los días más felices de mi vida. Ahora sólo pienso en caminar hasta el campamento base.

Pang-la: la mejor “terraza” del Himalaya

“Desde el punto de vista alpinístico era imposible imaginarse una visión mas horrorosa”. Ésa es la primera impresión que causó en Mallory la cara norte del Everest en 1921. Camino del campo base en Rongbuk, su impresionante mole te sale al paso desde la cima del Pang-la, sin duda el mas privilegiado mirador del Qomolangma (su nombre en tibetano). Hacia allí nos dirigimos.
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