He pedido precio por un kimono. En qué hora se me habrá ocurrido. Mo me habían perseguido tanto ni cuando me pillaron a los 14 robando un juego del spectrum en el Corte Inglés.
Si algo he aprendido de algunos viajes que he hecho antes es que en la aldea más perdida del rincón más perdido una camiseta de fútbol te puede sacar de un apuro
El barrio de mochileros de Bangkok –Khao San Road- hierve de americanos y australianos borrachos, alemanes con calcetines bajo las chanclas, franceses con aire de intelectualidad y rastas de cualquier lugar con cara de despiste.
Un viaje es siempre una idea, un deseo, un impulso por descubrir un mundo ya, más o menos, imaginado. El 15 de marzo aterrizo en Ciudad del Cabo, donde viviré hasta el 30 de julio, Casillas mediante.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi necesitaba alimentar su delirante carrera armamentística sorteando la vigilancia de los aliados. Desde la Francia ocupada se trasladaron por ferrocarril, en apenas año y medio, entre 1942 y 1943, decenas de toneladas de oro para pagar el wolframio que necesitaba Hitler para blindar sus carros de combate.
Lo reconozco. Yo también caí en la secta de Lonley Planet. No tengo ni idea de si es la guía más vendida en España, pero lo que sí puedo asegurar es que entre la legión de viajeros con mochila y calcetines con chanclas que recorre el sudeste asiático, arrasa.