Desde el Monte de los Olivos, el visitante puede asomarse a un cementerio que crece desde hace 3.000 años. Tumbas judías con sus piedras, sobre las lápidas para recordar a los muertos y atracar su alma en el puerto de los vivos. Al fondo, la Cúpula de la Roca que brilla para los musulmanes, desde hace más de mil años, en Jerusalén. También hay armenios cristianos, ortodoxos, jesuitas, coptos y turistas abrumados por el laberinto de credos. Esta es una ciudad sin imposturas, que se vigila desde hace muchos siglos, donde los callejones nos sorprenden con soldados armados en las esquinas o lugares bíblicos en las aceras.
Japón y su “demonios” internos
Hay un Japón que sale a la calle y otro distinto cuando cierra la puerta de casa
