El sur del mundo termina con un arrebato. Allí donde los Andes se van acabando, la naturaleza se reserva un último festival de piedras. Cruzamos la frontera de Chile como en una despedida porque al otro lado, sólo las vicuñas y los ñandús gobiernan la tierra indómita de lagos verdes y montes imposibles.
Empezaba a caer el sol y Roberts decidió que ése sería el lugar de acampe. Pusieron las pocas carretas formando una barrera para defenderse de un hipotético ataque indio en la noche. Los galeses ya habían tenido malas experiencias al respecto.