Terminaba el día y también terminaba nuestra visita a la Península de Valdés. Antes de irnos decidimos detenernos frente a la Isla de los Pájaros para aprovechar los últimos rayos de sol y sacar fotos de la capilla que allí recuerda un antiguo asentamiento español. Por Gerardo BARTOLOMÉ.
El volcán Rano Kau es el más espectacular de Pascua. Lo más llamativo es su inmenso cráter de un kilómetro y medio de diámetro en cuyo interior yace una increíble laguna con islas flotantes
Llegamos buscando sol y descanso, pero más fuerte que eso era nuestro deseo de entender el intrigante pasado de esta enigmática isla. Y era Anakena el lugar donde comenzó esta historia con la llegada del primer Ariki hace mil años
La vista de la ciudad rodeada de cerros pendientes impresionantes y cubiertos por una densa selva no puede ser descrita con simples palabras. Antes que intentar hacerlo prefiero incitar al lector a visitar este mágico lugar.
Miré aquél páramo. Me costaba creer que allí hubiera nacido la Patagonia. Claro… le debo una explicación al lector. Allí no nació la Patagonia sino el mito de la Patagonia como un lugar salvaje y misterioso. Me encontraba en Puerto San Julián a la búsqueda, como siempre, de historias, anécdotas y de naturaleza salvaje. Allí, frente al infinito azul del Atlántico, se dan las dos cosas: historia y naturaleza.
Parece increíble que hace más de 400 años en el confín sur del continente americano se haya instalado una colonia española. Semanas o meses de peligrosa navegación la separaban de cualquier otra población de donde pudiera abastecerse. Pensado así no resulta extraño que el lugar se haya convertido en <strong>Puerto Hambre</strong>, ni más ni menos que porque sus colonos murieron de eso… de hambre.
Una cosa llamó mi atención: el naturalista inglés afirmaba haber dormido en una importante casa que ya tenía unos cien años cuando él pasó por el lugar. Rarísimo, porque para principios del siglo XVIII casi no había población en Uruguay y los ranchos de la época eran de adobe.
Me paré en el centro de la plaza, interesado en cómo había cambiado el lugar en esos algo más de 400 años. Sonreí cuando me acordé del papelón que pasó José Moreno Carbonero, el pintor del famoso cuadro.
Está cerca de Buenos Aires, tiene simpáticos restaurantes y mucha historia para ver y sentir, ideal para una escapada. Se trata de un lugar que refleja muy bien lo que pasó en la pampa argentina.
Estaba aprovechando un cortísimo viaje a Río de Janeiro para seguir uno de mis pasatiempos preferidos: comparar un antiguo dibujo con la realidad actual. En mis manos tenía una copia del grabado del artista del Beagle, Augustus Earle, realizado en 1833.
“¿Lluvias en un desierto? No puede ser mucho”, pensé. Seguimos viaje. Quizás me tendría que haber preocupado cuando pasamos por un lugar donde el agua se había llevado parte del camino. Seguimos viaje.
Cada año, cuando me vuelvo a Buenos Aires, lo hago con algún lugar en mente para visitar en la siguiente oportunidad. ¿Quién diría que entre tantos veraneantes se pueda encontrar esta historia?
Algo alejado del centro y ya casi desesperado de impotencia me encontré con la vista del dibujo de Darwin. Allí los esclavos ganaban unos reales ofreciendo llevar a quien pudiera pagarlo, los perezosos
Lo que más llama la atención de las paredes de aquel enorme alero son las manos. Cientos de manos levantadas pintadas en las paredes parecen querer llamar la atención del visitante. Como voces de un distante mundo pasado que nos quieren recordar que ellos estuvieron allí.
Los geógrafos franceses discutían sobre sus conocimientos del mundo. ¿Que forma tenia el planeta? ¿Era redondo o achatado? Se organizaron dos expediciones. Una cercana al Polo Norte, en la Laponia escandinava, y otra al ecuador, en el corazón de las colonias españolas.
Esa extraña laguna, caliente por la vital actividad geotérmica, humea y burbujea como si se tratase de una visión del infierno. Pero había más. Bordeando el lado oeste del cráter, una gruesa placa de hielo glaciario nos recordaba que estábamos a casi 3.000 mil metros de altura.
Permaneció leal a España hasta 1826, cuando Chile, Argentina y los demás países de Sudamérica habían declarado su independencia hacía ya varios años. Al llegar a Ancud visitamos su fuerte. Allí vimos las baterías de cañones todavía apuntando al mar, como desafiando a cualquier navío que intentara un insensato ataque.
Había preferido esta ruta porque fue una de las elegidas por el ejército del general San Martín cuando cruzó los Andes buscando liberar Chile durante las guerras de independencia
La Amazonia evoca imágenes de peligros y aventuras en la mente de cualquier viajero, un reto difícil de evadir. Uno se imagina una selva tupida hasta más allá del horizonte, extraños animales, peligrosos insectos, fiebres desconocidas y tribus aborígenes que eluden la civilización.
La localidad había sido el asiento de la famosa tribu del cacique Catriel. (...) La tierra valía poco, el riesgo era altísimo, pero las oportunidades eran altas. Azul era territorio sólo apto para audaces.
El pueblo está casi a mitad de camino de dos grandes ciudades: San Pablo y Río de Janeiro. Hoy parece increíble pensar que, 400 años atrás, este villorrio pudiera soñar con competir con ellas, pero así fue.
Al principio la niebla blanca nos cubría sin que pudiéramos ver nada, pero a poco empezamos a ver los picos de los cerros que sobresalían de entre las bajas nubes costeras. Navegar por la zona permite tener una vista espectacular de los volcanes.