Me cuenta sus viajes por África desde el Congo hasta Angola. Martin es un excelente conversador y salta de un tema a otro con la agilidad y la decisión de un funambulista, te pone un manjar entre los labios para rápidamente arrebatártelo y sacar otro conejo de la chistera aún más gordo y suculento.
Y el banquete continúa; estofada, frita o a la brasa, la carne de perro y caballo se cotizan como delicatessens. Issoufou un anciano forgeron me cuenta que si tienes la suerte de comer la pata de un perro negro, adquieres el poder de ser invisible para tus enemigos durante la noche. Me regala un amuleto para proseguir el viaje de forma segura.
Y aquí estamos, me he gastado una pasta, la que llevaba acumulando las semanas anteriores, con minúsculas raciones de pollo a la brasa y durmiendo en los autobuses para no coger hoteles. Me lo juego a un golpe de ruleta, todo al rojo, el parque de Waza espera.