Luang Prabang es de esos lugares cuya paz te llega a inquietar. Uno no sabe por dónde empezar a encuadrar los tejados que acaban en punta, los monjes pelados o los budas de oro.
Hemos topado, desde el primer minuto, con la influencia de la dominación francesa en la primera mitad del siglo XX. Por todos lados hay puestos de baguettes, y bakerys con deliciosos cruasanes y café con leche que sabe a café con leche