Este reportaje lo realicé en febrero de 2018, antes de dejar voluntariamente la corresponsalía de El Mundo en México el pasado mes de abril. El periódico no lo ha publicado aún y sigo recibiendo mensajes semanales del conflicto, vídeos de desplazados, declaraciones de más violencia y la petición expresa de los colectivos de víctimas para que por favor lo publique y así se conozca un conflicto del que apenas hay información sobre el terreno.
Tenían historias tristes, muchas -familias separadas, padres muertos, aldeas quemadas, años viviendo escondidos en el bosque-, pero las explicaban con la naturalidad del que está hablando desde y sobre su propia vida. Estaban acostumbrados a ello aunque para nada resignados. A la inversa: aquel es un lugar en el que, por encima de todo, perdura la esperanza. No es un lugar triste ni derrotado.