Corresponsal en México

Corresponsal en México: Javier Brandoli.

44 artículos

Otro cordón umbilical por el globo

¿Cómo no divertirte en un país que le inventó a Disney una película para niños que versa sobre la muerte? ¿Cómo no querer descifrar un país que tiene volcanes de nombre impronunciable que son amantes? ¿Cómo no sorprenderte de un pueblo que paga a los músicos ambulantes para que alegren sus comidas picantes porque les gusta llorar y reír a la vez? ¿Cómo no admirar un lugar que cuando tiemblan sus entrañas ves más manos que escombros?

Los refugiados abandonados de las montañas de Chiapas

Este reportaje lo realicé en febrero de 2018, antes de dejar voluntariamente la corresponsalía de El Mundo en México el pasado mes de abril. El periódico no lo ha publicado aún y sigo recibiendo mensajes semanales del conflicto, vídeos de desplazados, declaraciones de más violencia y la petición expresa de los colectivos de víctimas para que por favor lo publique y así se conozca un conflicto del que apenas hay información sobre el terreno.

Campeche: el mejor secreto de México

Empecemos por el mensaje básico: si hay un estado mexicano sorprendente que yo recomiendo visitar es Campeche. En el periodismo de viajes sucede que en ocasiones encabezan los epítetos y se retardan las conclusiones. En este texto ya está todo dicho. Si ya no quieren leer más, puede ser hasta recomendable hacerlo para los que tengan comida en el horno o llevan a medias un buen libro, limítense a comprar un billete de avión y vayan a visitar Campeche. Seguro que me lo agradecen.

Dominica: el manantial de los kalinago

Dominica fue toda esa naturaleza desbocada en una montaña hecha isla. Los españoles la ignoraron en sus primeros viajes por su orografía complicada. Los franceses e ingleses, que la colonizaron, la apreciaron por sus manantiales. El bíblico edén debe ser algo muy parecido a aquellas laderas verdes, con cascadas violentas, entre las que crecen flores extrañas de colores inciertos. El mundo puede ser distinto, Dominica lo es.

Terremoto de Oaxaca: ayudas y robos tras la castátrofe

¿Qué tipo de ser humano hay que ser para robar lo que queda de unos escombros? ¿Para adueñarse de la ayuda que entregan millones de personas generosamente? También hay de los otros. Muchos más. Mucha más gente dispuesta a ayudar, a dar la mitad de lo que tenga aunque sea muy poco. Todo eso se veía en Juchitán. Lo muy bueno y lo muy malo. Todo eso es capaz de hacer el hombre.

Los periodistas carroñeros y el mundo edulcorado

Imaginen una foto igual en Las Ramblas de Barcelona. Un niño que lleva a otro niño en brazos, muerto, mientras su hermana llora a su lado. ¿La publicamos? Y ahora pensemos en otras fotos. ¿Aylan? Un niño muerto en una playa. Un bebé, mejor dicho. Dura también. ¿Había refugiados ahogándose en el Mediterráneo antes de él?

Antigua y Barbuda: una semana en la isla de M

En la puerta del aeropuerto de Antigua y Barbuda nos espera M. Se me olvidó su nombre, así que la llamaré M. Esta vez no fue mi culpa, M hablaba poco, lo justo, no hubiera sido fácil recordarla aunque hubiéramos pasado juntos seis años. M era una mujer de mediana edad, arisca, que economizaba sus palabras y sus gestos. Ahora que lo recuerdo, no estoy seguro de que M me dijera su nombre. Afinando algo más la memoria, no estoy seguro de que M dijera algo.

El coñazo de Miami

Decir abiertamente que no te gusta EEUU puede ser cool. Te coloca en este egocéntrico mundo viajero de las redes sociales, donde se presume de barro, en el pelotón de los viajeros interesantes. A pocos se le ocurriría criticar un viaje a un poblado africano, un aldea del Nepal o una de esas villas centroamericanas en las que las rotondas son la mejor atracción turística. Da igual, aunque apenas hayas salido del hotelucho en el que dormías y candaras la puerta cuando se ponía el sol (mucho mejor si dormías en una tienda de campaña) todo fue fascinante.

El cementerio de calaveras y el chocolate de los muertos

El moribundo era cuidado por sus familiares en la casa. Cuando fallecía eran los más cercanos los que en el velatorio realizaban el P'O'Keban. Con mucho cuidado hacían una limpieza del cuerpo sin tocar las zonas sexuales con un trapo húmedo. Con ese agua, según los medios económicos de la familia, se realizaba un chocolate, los más pudientes, y los que tenían menos recursos un pozo

La completa historia de mi encuentro con Mágico González

"Se quedó un tiempo en mi casa, siempre jugando con mi hijo a las pistolas si hacía falta debajo de la mesa, y una vez me dijo que iba a la calle a fumar un cigarro. Volvió dos días después. Apareció vestido con una camiseta y unos pantalones cortos que no llevaba cuando bajó. Lo habían reconocido unos brasileños y se fue con ellos de discotecas y bares a otra ciudad. Así es Mágico"

El Salvador: la playa de San Blas y el volcán Coatepeque

En medio de un conflicto, aún rodeado de violencia o grupos criminales, lo que se impone es la rutina de la vida. Porque casi siempre, salvo cuando caen bombas sin nombre, hay gente que vive allá con una cierta normalidad, niños que van a la escuela, negocios que abren para vender algo con lo que comer, puestos en los que se cocina, parejas que se enamoran y se desenamoran y amigos que conversan alrededor de una mesa.

Los suicidios de los rarámuri

La ola de suicidios de este pueblo nativo, olvidado como tantos en este México con prisas por llegar al presente, tuvo una primera voz de alarma a principios de 2012. Entonces, el Frente Organizado de Campesinos Indígenas denunció que "las mujeres indígenas cuando llevan cuatro o cinco días sin poder darle de comer a sus hijos se ponen tristes; y es tanta su tristeza que hasta el 10 de diciembre de 2011 cincuenta hombres y mujeres, pensando que no tienen que darle a sus niños, se arrojaron al barranco”.

Un barco yanqui en La Habana

La tarde anterior a su llegada había familias mirando el horizonte. ¿Saben si llega hoy el barco yanquí?, le pregunté a dos parejas que me fijé que no hacían nada desde hace unos minutos que no fuera mirar el ir y venir de las olas. "Eso estamos esperando, que llegue", me respondieron ellos con una media sonrisa. Y yo contemplé a su lado, durante algunos minutos, ese mar de La Habana desde el que la alegría cubana se cierne en algo de tristeza, en marcha apresurada y en cuerpos que se hunden tratando de encontrar algo de libertad.

Guachochi: la belleza en escorzo

En Guachochi el terreno es alta meseta. Salimos a ver una comunidad de indígenas tarahumaras y se sucedían los pinares con la amenaza de algún sendero de agua que pudiera dividir lo cruel de lo humano. En la comunidad encontramos una vida dura, pobre y llena de matices culturales de los raramuri, uno de esos pueblos que entiende el mundo desde el otro lado del espejo.
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