Tiene nombre de princesa árabe, sabor mexicano y semblante español. Morelia es una ciudad amable, un limbo apacible que contrasta con la realidad convulsa de la capital, a tan sólo 300 kilómetros de allí.
Si en México estallase una guerra civil, un suponer, sólo la Virgen de Guadalupe sería capaz de poner de acuerdo a los contendientes. Ese fervor por la virgen de tez morena se respira como en ningún otro lugar en la Basílica de Guadalupe. A las puertas del templo, escuché la frase más lúcida de mi viaje.