Villas do Indico: la jaima más bonita del mar

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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El humo de la hoguera se mezcla con el de la barbacoa. Ambos, cuando los miras fijamente, se mezclan mientras ascienden al cielo diseñando formas imprecisas entre los fogonazos de pequeñas luciérnagas. Cerca, esta noche la marea esta alta, las olas baten las pequeñas piedras que dividen tierra y mar. Un grupo de viajeros, cooperantes que vinieron desde el frío Canada y que se alojan en el lodge, llega hasta los maderos que se hacen cenizas y comienzan a sentarse en torno a las llamas. Encima de todos nosotros la luna comienza a decrecer pero es aún abultada como un balón de hielo. Corre algo de viento. No se escucha nada que no sean las hoy débiles risas de los huéspedes tras una noche, la anterior, donde se bebieron 40 mojitos y terminaron con casi tres botellas de tequila a esas horas en las que uno se va a dormir dando las buenas tardes.

En esta esquina hay que montar un bar de agua, arena y fuego

Yo hago mientras fotos para la web del hotel observando todo aquello. Hoy aquel trozo de playa es una jaima, un lounge bar a la africana, un lugar bello y confortable en el que disfrutar de las noches y el océano. Me siento por un segundo y recuerdo cuando llegué aquí y pensé: “en esta esquina hay que montar un bar de agua, arena y fuego”.  Hoy ya es una realidad.

El Hotel Villas do Indico es el tipo de  hotel en el que me gusta alojarme. Me gustan las cosas naturales, con encanto, que huyen del lujo repetido aunque todos crean que ellos son los originales. Lo peor que puede tener un lugar para ser olvidado es no querer ser olvidado. La mayor parte de hoteles en los que estuve en mi vida peleaban por ser mejores sin entender que empataban en excelentes y repetibles con todos los que juegan su liga de detalladamente artificiales.

Lo peor que puede tener un lugar para ser olvidado es no querer ser olvidado

Siempre me parece curioso los miles de euros que la gente se deja en ellos sin entender que menos el precio todo lo demás es tan irreal como ilocalizable. La mayoría de aquellos lugares, en el “check out”, indican al cliente el número de cuenta y el país en el que han realizado el pago para que no tengan problemas al enseñar luego a los vecinos las diapositivas de un lugar sin nombre.  Ser bueno y ser distinto es lo que hace a un sitio mágico. Tan difícil sólo imaginarlo.

El Villas do Indico carece de una bañera jacuzzi en la que hacer el curso de buceo en los cuartos de baño; no encontrarán allí un equipo de animación cultural que te pregunta si prefieres aburrirte solo o prefieres aburrirte con ellos dando brincos en la piscina; y no busquen allí tampoco un lugar donde los dueños recorren las mesas preocupados por parecer preocupados.

No te molestes, decía en un cartel que nadie pintó

No es ese el hotel que yo conocí hace dos años. Llegué con un grupo de viajeros de Zimbabue, tras cruzarme un buen trozo de África ya, y me enganchó la libertad que se respiraba en aquel lugar. El sitio es lindo, lindísimo, con habitaciones cuidadas al detalle, un restaurante  de comida excelente y una piscina y mar de agua clara y cálida. Pero lo que más me gusto es que entendí que la única regla que me imponían era propia y no estaba escrita: “no te molestes”, decía en un cartel que nadie pintó.

Hoy aquel pequeño bar en el que siempre hay una hoguera encendida esperando por la noche parece cumplir esa regla. Un poco de arena, miles de estrellas y el océano mar diciéndote “no te molestes”. Y a mí me parece el lugar con más encanto del mundo y porque entiendo que no lo es y no pretende serlo estoy convencido de que así es. Hotel Villas do Indico.

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Comentarios (2)

  • Juan Antonio Portillo

    |

    Vaya, vaya…… esta mañana me habéis regalado bellos y hermosos relatos….. he estado en ese lugar donde “no te molestes” y me ha encantado el mensaje…….

    Abrazos Javier y sigue disfrutando

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  • Lydia

    |

    Dan ganas de subirse a un avión y plantarse allí.

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