ricardo coarasa

Ricardo Coarasa es uno de los fundadores de Viajes al Pasado. Periodista con vocación de arqueólogo, un detective de la Historia, un contador de sueños de Etiopía a México.

178 artículos

Tingri: el paraíso de la desolación

El destino debe tener cuentas pendientes con Tingri, la última parada en el Tibet profundo antes de llegar a la frontera con Nepal. De otra manera no se entiende que la haya rociado de pesadumbre de forma tan descarnada. Mires donde mires, la misma desazón, idéntico desaliento. El futuro sólo alcanza hasta donde se pierde la vista: una pista polvorienta que parece una condena. ¿Hacia dónde huir? No saqué fotografías. No hacía falta.

A los pies del Everest

Estamos por fin en Rongbuk, en el monasterio más alto del mundo, a los pies de la temible cara norte del Everest. El cielo está despejado. El Monzón nos ha echado una mano. La vista es soberbia, deslumbrante. No te cansas de mirar al Qomolangma, la diosa madre de las montañas. Es, sin duda, uno de los días más felices de mi vida. Ahora sólo pienso en caminar hasta el campamento base.

Pang-la: la mejor “terraza” del Himalaya

“Desde el punto de vista alpinístico era imposible imaginarse una visión mas horrorosa”. Ésa es la primera impresión que causó en Mallory la cara norte del Everest en 1921. Camino del campo base en Rongbuk, su impresionante mole te sale al paso desde la cima del Pang-la, sin duda el mas privilegiado mirador del Qomolangma (su nombre en tibetano). Hacia allí nos dirigimos.

¿Pero qué demonios hago yo aquí?

¿Qué viajero no se ha hecho alguna vez esa pregunta lejos de casa? Incluso el más fascinante de los viajes se cobra de peaje, por el camino, algún que otro lugar desolado. Sitios adonde nadie parece interesado en ir y en los que, sin embargo, uno está. En el pueblo tibetano de Shegar, a una jornada del campamento base del Everest en Rongbuk, la dichosa pregunta retumbó con más fuerza que nunca dentro de mí.

Tashilumpo: las ratas del buda gigante

El monasterio de Tashilumpo era el hogar de la segunda autoridad del Tíbet, el Panchen Lama. Cuando el Dalai Lama huyó por la invasión china, Pekín buscó y encontró su respaldo. Pero el idilio duró poco y el Panchen Lama terminó encarcelado. Estoy en Shigatse, a los pies de la estatua de Buda más grande del mundo. Un monje me pide 30 yuanes por fotografiarla. ¿Será verdad que algunos de ellos son agentes chinos?

Shigatse: y por fin… ¡una foto del Dalai Lama!

¿Viajamos para estar o para ver? ¿Buscamos destinos en el mapa simplemente para llegar o también para conocer? En cualquier viaje, es inevitable estar en lugares que no ves o ver sitios en los que, pasado el tiempo, parece que nunca has estado. En mi camino hacia las faldas del Everest, Shigatse era un par de noches en la hoja de ruta, un monasterio, el de Tashilumpo, y un fuerte en ruinas custodiado por perros asilvestrados.

La mirada del otro

Es un interrogante con mil rostros. En la carretera, en las cunetas, en los campos de labranza, alrededor de un transistor, a la sombra de un árbol, en un autobús atestado, en el remolque de un tractor, entre los puestos de un mercado. La mirada del otro te sorprende a cada paso, a veces fugaz, otras infinita. Zarandea, inquieta, enternece, te obliga a reflexionar, según. Sucede que, cuando estamos tan lejos de casa, el otro somos nosotros.

El cementerio de los héroes que pintó Goya

Eran gente corriente, pero se comportaron como héroes frente al invasor. En Francia o Inglaterra, les habrían erigido un panteón de hombres ilustres. Aquí, tienen que conformarse con un modesto cementerio madrileño, el de La Florida, de cuya existencia pocos saben. Su gloria está inmortalizada en un cuadro de Francisco de Goya, el de los fusilamientos, pero acercarse a este camposanto para rendirles homenaje debería ser casi una obligación moral.
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