Rodolfo Romero y su viaje por los “Rostros de África”

Una muestra de fotos hechas con las manos y los pies
Fotos de Rodolfo Romero

El creador del que vamos a hablar hoy espantará con gesto de hastío los próximos párrafos y se centrará en su tema favorito: “Cuéntame de ti, ¿qué tal te va?”. Es uno de los secretos que esconden los que saben abarcar mucho, que nunca pierden el tiempo admirándose. Lo que interesa está fuera.  

Pero como todos sabemos que el arte se entiende mejor si se conoce al artista, habremos de consignar al menos unos cuantos datos de la biografía de Rodolfo Romero, que así se llama nuestro polifacético protagonista.

Rodolfo Romero, ante alguna de las fotos de la muestra

Diremos, pues, que es médico en Madrid, en uno de cuyos hospitales de referencia se bate en duelo diario en el complejo universo de la gestión sanitaria. Que sabe tanto de enología que una cata de su mano es como una charla con Dioniso. O que adora el buen comer hasta el punto de que ha creado un espacio en redes para hacer su propia crítica gastronómica.

Añadiremos que es otro de los miles de apasionados de vestirse de corto y echarse a correr maratones, y empezaremos a entrar en materia cuando contemos que es, también, un viajero patológico que, como los que danzamos alrededor de la hoguera de VAP, ve la oportunidad y se lanza a ponerle chinchetas al globo.

Y lo curioso es que si Rodolfo Romero está hoy aquí no es por todo lo anterior, sino por otra más de sus grandes pasiones: la fotografía. Probablemente, el más antiguo de sus “vicios”; el más arraigado de sus hobbies desde que su madre, allá por el final de los 70, siendo todavía un niño, le pusiera en las manos una cámara réflex. Cámara al hombro engulle kilómetros para ponerle su acento manchego a los encuadres del mundo.

Visitantes de la exposición “Rostros de África: miradas que hablan»

Las fotografías de Rodolfo Romero se han expuesto en varias salas de Madrid y en centros de La Granja de San Ildefonso, en el Instituto Cervantes de la ciudad francesa de Lyon, y en Suiza, donde tiene vínculos familiares; de hecho, su mayor éxito, hasta ahora, ha sido la muestra “España con otro enfoque” en el Palacio de las Naciones Unidas de la ONU, en Ginebra, hogar de la cúpula de Barceló, considerada la Capilla Sixtina de este siglo.

La exposición “Rostros de África: miradas que hablan”, que acaba de inaugurar en el Museo Cristina García Rodero de Puertollano, es, reconoce, su forma de saldar una cuenta pendiente con la ciudad que le vio crecer, la patria chica a la que asegura volver menos a menudo de lo que le gustaría.

En Rostros de África, que se puede visitar hasta el 30 de junio, se puede apreciar la razón que inspira a este detective del momento: encontrar eso que todos compartimos, un algo indefinible pero esencialmente humano que une a todas las culturas del planeta. La fotografía, asegura, “me permite detenerme, escuchar y compartir esos instantes únicos de conexión”.

“Lo que más me interesa son las personas, las miradas, las manos… Todo aquello que refleje cómo pasa la vida a través de un ser humano”. Y aunque rehúye de etiquetas: “Ni soy un viajero ni un fotógrafo, pero sí una persona que viaja y que hace fotos”, reconoce que la elección de sus destinos e incluso los días que pasa en cada uno de ellos “están condicionados a buscar un momento de luz y un instante que sea capaz de contar una historia”.

Etiopía, Namibia, Kenia, Marruecos… En esta selección de fotografías Rodolfo muestra el tiempo de la mirada retadora de un joven orgulloso, de la piel curtida de un anciano sabio, de la muchacha que saborea el poder de su fertilidad…

Y en cada instantánea hay una historia que contar, un encuadre que exprime la poesía de la escena, que ensalza el color que emana de su protagonista, quizá extraído de sus ropajes, de una pulsera o del abismo de unos ojos profundos. “Lo más importante es la historia, más incluso que la luz. Existen múltiples formas de fotografiar, y aunque todas transforman instantes efímeros en eternos, algunas te permiten capturar un momento en forma de recuerdo o experiencia compartida , y lo hacen de una forma más estática y explícita. Y luego están las fotografías que dejan parte de la interpretación al espectador, que le obligan a interpretar y construir parte del relato, convirtiéndose también en creador y protagonista. Esas son las fotos que intento buscar”.

Rodolfo ha dado un salto de calidad, afirma, con esta exposición, Rostros de África, en la que ha proyectado fotografías en gran formato, con dimensiones que hacen el momento todavía más impactante. El resultado enormemente satisfactorio, afirma, y la fabulosa acogida que su obra está teniendo en los últimos años le hace plantearse “redoblar los esfuerzos” para continuar mejorando la calidad de sus muestras. Este objetivo pretende conseguir un trabajo de gran calidad, y profesionalizar más su catálogo “para al menos conseguir que el proyecto resulte sostenible” económicamente. Esto no quiere decir que vaya a dejar de tener los pies en el suelo: “Creo que no es buena idea convertir una afición en una obligación. Seguramente las cosas no saldrían bien”.

No quiere cerrar esta entrevista sin darle las gracias al museo Cristina García Rodero. “Contar con la oportunidad de que algunas de mis fotos se muestren en una sala contigua a la colección permanente de una de las mejores fotógrafas de España, la primera persona que entró a formar parte de la agencia Magnum en nuestro país y que es todo un referente mundial es un gran un honor para mí”, concluye.

En este Código QR se pueden ver fotografías de esta exposición y una parte de otros trabajos:

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