Tablas de Daimiel: La revancha de las aves en el antiguo coto real

Por: Eugenio Hernández (texto y fotos)
Previous Image
Next Image

info heading

info content

Como una bendición ha sido la  lluvia en el humedal manchego, capaz de apagar el fuego de sus turbas subterráneas. El viejo coto de caza de reyes y generales es, de nuevo, paraíso para las aves… y los visitantes.

Negro sobre blanco, las primeras referencias históricas a Las Tablas son cinégéticas. Aparecen en el “Libro de la Caza” del infante Don Juan Manuel (1325)  como buenas para la cetrería, al reflejar que el “Xuela nasçe en la xierra sobre villar del forno e entra en gadiana çerca de arenas en  este Rio ha muchas anades e garças e gruas e todas las caças. Mas de fuente el pez ayuso lo de mas todo es agora carrizales e almarjales e muy malos pasos… “

La caza ha atraído a las Tablas a reyes y prohombres, desde Felipe II , quien registró el paraje en las “Relaciones Topográficas” de 1575 y ordenó que se guardaran bien por la gran riqueza cinegética que ofrecían, hasta a Alfonso XII o el General Prim, quienes en la década de 1870 visitaron la zona,  gestionada por la Sociedad de Cazadores de Marti de Veses.  Histórica propiedad de la Orden de Calatrava, pasó de zona de pastos y leña a coto de caza privado,  Reserva Nacional de Caza tras la Guerra Civil e, intentando paliar el desastre que provocó su desecación en los años 50 y 60, Parque Nacional desde 1973.

Devastadas por el fuego

Desde entonces, lento declive y cada vez más sed, hasta que llegó la noticia del incendio. El subsuelo del Parque Nacional de Las Tablas ardía s finales de 2009 sin que nada pudiera evitarlo. Las turbas que forman su vaso, secas y expuestas después de milenios al óxigeno, son capaces de entrar en combustión espontáneamente, mostrando como único indicio el humo que sale a la superficie por la tierra agrietada. El cielo ha echado una mano este invierno y ha dejado mucha agua. Tanta como para apagar el infierno y hacer subir el nivel del acuífero 23 – donde se asientan la llanura manchega y el propio Parque –  hasta los nueve metros bajo la superficie, algo nunca visto en décadas.

Hay carteles que aún informan al visitante de los peligros del fuego y Jesús, nuestro guía, recuerda las quemaduras sufridas en las piernas por su abuelo y su bisabuelo al hundirse en las brasas de otro incendio similar hace años. Ahora, alejado momentáneamente ese fantasma, el desbordamiento de las aguas salinas del Cigüela (o Gigüela, como se le llama aquí) y de las dulces del Guadiana revive las cerca de 2.000 hectáreas de este Reserva de la Biosfera.

Una nueva vida

Renacen las ovas o praderas sumergidas de algas, primer eslabón de la cadena alimentaria para los habitantes de esta Zona Especial de Protección de Aves. Patos colorados, fochas y ánades reales, garzas, garcetas y garcillas; somormujos y porrones, a todos espera la atenta mirada del águila lagunera en un escenario que va rotando el verde y oro de carrizos y masiegas según las estaciones.

Pocos son los peces que pueblan Las Tablas (“y muy nuevas las aguas caídas“, recuerda nuestro cicerón) pero gambusias y otros de similar tamaño hacen ya acto de presencia como embajadores de futuras carpas, bogas o barbos. Especies que fueron alimento otrora para los pescadores que, a la trampa del garlito o a la luz del carburo, los buscaban en sus barcas de fondo plano.

Una de estas embarcaciones ( propiedad del último de los pescadores de la zona y fotografiada en innumerables ocasiones sobre el cieno seco como muestra de la agonía del Parque) aparece anegada ahora bajo 70 centímetros de agua, junto a las pasarelas de madera que une las islas de la Entradilla, el Descanso y el Pan. El terreno es hozado por los jabalíes que prosperan aquí mucho más que las nutrias, los zorros o los conejos. Tanto, que su población ha de controlarse para evitar que salgan de los límites en busca de comida fácil en maizales y otros cultivos.

Muy cerca, un bosquecillo de sufridos tarayes (arbustos que gracias a la falta de competencia y las condiciones del suelo aquí tienen porte arbóreo) salpica de caprichosas formas el borde de las aguas. Se antoja que, a la luz de la luna, sus ramas retorcidas y troncos en equilibrio casi imposible darán un más que adecuado escenario a las rapaces nocturnas.

 

Los ojos secos del Guadiana

Varias construcciones se elevan sobre el paisaje: el observatorio de la laguna de aclimatación, el de la isla del Pan, la reconstruida cabaña de los antiguos guardas Jesús y Bautista García Consuegra, el molino de Molemocho  y hasta alguna cementara en el horizonte, más allá de las aguas. Son muestras de la mano del hombre que hace ya 3.700 años buscó refugio aquí, como atestigua la cultura de Las Motillas, pozos fortificados hoy convertidos en taludes que salpican la cuenca alta del Guadiana.

La falta de agua, su contaminación y la agricultura de regadío han mantenido Las Tablas al borde del precipicio durante décadas. Aún hoy, se calcula que 21.000 pozos ilegales esquilman el acuífero y se da la paradoja de que las mismas administraciones que en su día promovieron el gasto alocado de agua hoy sacan la billetera para comprar la que queda a los regantes. Sólo las precipitaciones han hecho posible que el infierno del fuego mude en esperanza. Los más optimistas sueñan incluso con otro posible milagro de la Naturaleza, si persisten las lluvias:  que los cercanos ojos del Guadiana, secos desde 1987, vuelvan a manar. Pero esa es otra historia.

el viaje

el camino

Desde la nacional IV a la altura de Puerto Lápice, la carretera 420 y luego la 430 nos llevan a Daimiel.

Desde allí está señalizada la salida hacia el parque, a menos de 15 kilómetros por la CM4114.

una cabezada

La cercana Daimiel cuenta con algunos pequeños hoteles para hacer noche y madrugar en busca de aves, como el Doña Manuela (Psseo del Carmen) o Las Tablas (Virgen de las Cruces, 5).

La opción más económica es dormir en el Albergue Rural, que cuenta con habitaciones para hasta cinco personas y ofrece pensión completa por menos de 30 euros (21,60 para menores de 30 años).

a mesa puesta

En Daimiel, El Bodegón (Luchana, 20)  o La Posada (Plza. de España, 19) ofrecen menús de batalla incluso los fines de semana y festivos por 15 euros, regados con vinos de la tierra o de la cercana Valdepeñas.

Algo más elaborados y en el entorno de los 24 – 30 euros, hay menús de desgustación de platos típicos manchegos: migas, gachas, pisto, asadillos, cordero…

muy recomendable

Acercarse a las Tablas con el alba o al atardecer. Son las mejores horas para ver aves y evitar aglomeraciones de visitantes.

Prismáticos, ropa cómoda, calzado adecuado y guía de aves son imprescindibles para disfrutar del paseo.

Paradas obligadas son:

– Centro de Visitantes y Centro de Interpretación ( a la entrada del Parque).

– Centro de Interpretación del Agua en Daimiel (obra del arquitecto local M. Fisac)

– Molino hidráulico de Molemocho (cita previa: 926 693118)

– Visitas guiadas a pie por los itinerarios del Parque o bien en 4×4 por la zona restringida a las visitas en general.

Información en  la web www.destinosmanchegos.com o en el teléfono: 902 52 02 00

Búsquedas realizadas:

  • Share

Escribe un comentario

Últimos tweets

No tweets found.