ataque

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Charlie Hebdó y las buganvillas

Internet decía que estaban bien y fuera de peligro, que algunos vecinos de la ciudad consiguieron alertarlas, a tiempo de que se refugiasen con otros cristianos en el cuartel militar de la ciudad, que lo peor había pasado y en unos días podrían tomar algún avión con destino a Togo, a Burkina o a Benin. Durante los días siguientes la gente de la ciudad se dedicó a llevarles comida y a salvar algunos enseres de la Misión.

El ataque de los piratas en medio del Atlántico

—¡Joder, Pancho! —chillé—. ¡Es un barco pirata, la luz de navegación ha delatado nuestra posición y vienen a por nosotros! ¿Por qué…? Antes de terminar la pregunta ya me lo podía imaginar, mi corazón se aceleró. A gritos insistí a mi compañero: —¡Pancho! ¡Pancho! ¡Coge el teléfono y llama a la Organización! ¡Tenemos a nuestra popa un barco pirata!
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