Las iglesias apuntan al cielo, los indígenas rezan a la Pachamama y los turistas invaden las terrazas. Cuzco enreda sus credos con la misma facilidad que mezcla piedras amontonadas en siglos.
Confiar en los demás es la forma más humana de vivir la aventura. Perder el miedo al otro, disfrutar la diferencia y aprender de ella, ese es tal vez el verdadero legado de una vuelta al mundo.