Tiene nombre de princesa árabe, sabor mexicano y semblante español. Morelia es una ciudad amable, un limbo apacible que contrasta con la realidad convulsa de la capital, a tan sólo 300 kilómetros de allí.
Para un español, viajar a Latinoamérica es una forma de volver a casa, pero con una alegría renovada. Me gusta pensar que más allá de las conquistas del pasado, hoy los países latinos tienen una herencia tallada en piedra y una personalidad irresistible.
La suntuosa Plaza de Armas está porticada. Estos portales fueron un genuino producto español. Eran del gusto del rey Felipe II, quien veía en ellos espacios idóneos para el comercio. Hoy son el lugar de los cafés y de las citas sociales, y dan cobijo a terrazas de innumerables hoteles.