Cabo de Gata: la nieve, el pastor y el farero

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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el viaje

Hay dos parajes que son los que más me llaman la atención: el mar y el desierto.  En España, en su esquina sureste, hay aún una pequeña joya natural, el Cabo de Gata. Es el desierto más meridional de Europa; es el lugar en el que menos llueve del continente; es una de las pocas áreas  costeras mediterráneas donde el cemento no le ha ganado la batalla a la arena.

Pero hay muchos Cabo de Gata, dependiendo de la época del año en que se visite. Fuera del periodo vacacional, especialmente desde octubre a mayo, este lugar sufre del mal de olvido temporal de todos los lugares turísticos. No es fácil acostumbrarse a pasear por un sitio lleno de vida meses atrás y en el que ahora los bares y restaurantes tienen las rejas echadas y las calles y playas están vacías. A los sitios vacacionales generalmente no les sienta bien la soledad, pero yo encuentro en esa diferencia el placer de sentirme un elegido. Como lo fue un mes de febrero que paseaba por la afamada playa de Los Genoveses totalmente sólo. Recuerdo que durante casi 30 minutos no apareció nadie. Casi me impacientaba porque no terminara aquel privilegio de tener ese arenal sólo para mí. Luego, a lo lejos, vi a una pareja que venía andando y que invadía mi intimidad. Como si aquel bello espacio me hubiera pertenecido durante algunos minutos.

A los sitios vacacionales generalmente no les sienta bien la soledad

Pero de todas las ocasiones y temporadas que he ido al Cabo de Gata voy a narrar la que más me ha marcado. (Advierto, eso sí, que en la pestaña de arriba encontrarán una muy detallada y completa ficha práctica del parque para dormir, comer y bañarse). Fue hace cinco años que idee un reportaje para el periódico que era comparar la vida del lugar que más llovía con el que menos llovía de España. Mi compañero Ernesto le tocó irse a un pueblo de Navarra que el Instituto Meteorológico señaló como el más lluvioso y yo tenía una excusa perfecta para volver a mi rincón favorito de España.

De aquellos días recuerdo una charla con ancianos, en la propia barriada del Cabo de Gata, principio del Parque, en la que me contaban con añoranza el día que vieron nevar. He intentado recuperar aquel texto para saber la fecha exacta y no lo he encontrado, pero creo recordar que hablaban de la década de 1930. “Nunca más lo hemos vuelto a ver, pero es algo que no se nos olvida”, me decía una pareja junto al estanco.

Recuerdo una charla con ancianos, en la propia barriada del Cabo de Gata, principio del Parque, en la que me contaban con añoranza el día que vieron nevar

Con la excusa de aquel reportaje entré también por primera vez en el viejo faro que está casi sobre mi cala favorita (cala Rajá, foto de portada). El faro se construyó en 1863 y se levantó en medio del patio del castillo de San Francisco de Paula, levantado a principios del siglo XVIII por Felipe V para defender la siempre amenazada costa. Pues allí, en esa soledad casi perenne, vivía una pareja y sus hijos. Me enseñaron su casa de bombilla gigante, sus trucos para aguantar la caló, el viento y el frío y me explicaron la condena que es para ellos una noche de humo. “Lo peor son las noches de niebla en la que tenemos que poner la alarma sonora y el ruido insoportable no nos deja dormir”. Uno nunca se planeta cuando está bajo algo tan romántico como un faro que la niebla es riesgo para los barcos e insomnio para el farero.

Lo peor son las noches de niebla en la que tenemos que poner la alarma sonora y el ruido insoportable no nos deja dormir

Otra curiosa historia me la encontré con un pastor. El hombre, ya mayor, recorría aquel parque con su rebaño de cabras y con la sensación creciente de que pronto sus animales tendrán que aprender a pelar gambas si quieren comer. “Hago muchos kilómetros, pero es que hay que encontrar verde para que puedan alimentarse”, me dice. Lo cierto es que miré alrededor y se veían algunos matojos frescos, pero tampoco uno sabe a qué ritmo comen las cabras. “El cambio climático nos está matando”, me dice. “Antes llovía muy poco, pero ahora es nada”. Era un tipo afable al que pregunté si había salido alguna vez de aquel paraje y me contestó que no más allá de Almería. Lo dijo sin que le cambiara la voz, con la sensación de no haberse perdido nada más allá de su tierra y sus animales.

Finalmente, me reuní con agricultores que eran dueños de esos invernaderos que hacen que Almería desde el avión parezca envuelta en plástico. Muchos tenían mucho dinero y a otros la falta de agua les ahogaba. El precio del agua desalada es muy caro para el cultivo y el resto es esperar a que el inmenso embalse de Cuevas de Almanzora se llene. Una utopía, ya que aquella enorme obra me explicaron que nunca ha estado más llena del 20 por ciento. Daba pena contemplar un charco de agua en medio de una inmensidad de arena seca. Hablando con ellos durante algunas horas veía la pasión con la que hablaban de trasvases, obras hidráulicas y desalación. Sus tierras dan las espaldas al Parque Natural y dejan, o dejaban, millones de euros.

Daba pena contemplar un charco de agua en medio de una inmensidad de arena seca

De pronto, cuando ya volvía a Madrid, entendí que llevaba yendo a aquel parque durante años pero nunca había entendido hasta entonces la vida de aquel lugar. Nada que no fueran sus maravillosas playas, sus calas vacías y sus noches de cenas y copas frente al mar. Voy al Cabo de Gata por su belleza y tranquilidad, no a encontrar al farero o pastor, pero desde aquel reportaje aquel lugar lo veo algo distinto. Eso sí, publiqué el artículo con todo mi afecto, concienciado , queriendo ayudar a que superaran su problema de falta de agua y lo primero que encontré fue un blog en internet que empezaba diciendo algo así: “El periodista Javier Brandoli es uno de esos tipos que viene aquí creyendo que somos un  grupo de paletos que no nos hemos desarrollado …”. Quizá no entendí tanto el lugar.

mejores playas, hoteles y restaurantes

Mi Cabo de Gata va desde la Playa de los Muertos, algo más al sur de Carboneras, hasta Cala Rajá, junto al faro del Castillo de San Francisco de Paula, en la barriada del Cabo de Gata.

Las mejores playas

Cala Rajá es mi favorita. Pequeña cala, hay que dejar el coche arriba y bajar una cuesta empedrada de 300 metros que lleva a una pequeña playa que en ocasiones se puede disfrutar a solas.
Genoveses y Mónsul. Son los dos clásicos probablemente del Parque. En época estival están llenas de gente (todo lo llenas que están las playas en esta zona que nada tiene que ver con el resto del litoral mediterráneo). Si se va en días de diario de los meses no veraniegos, se disfruta de dos arenales impresionantes.
El Playazo de Rodalquilar. Rodalquilar, a pesar de no estar pegado al mar, es mi pueblo favorito con Las Negras. Su playa, a dos kilómetros escasos, es inmensa y más tranquila. Me gusta la opción de dar un largo paseo por la orilla.
Cala de San Pedro. Se accede en barca desde Las Negras o haciendo una pequeña caminata de cerca de una hora (dependiendo del ritmo). Ambiente algo hippy, parecido al de Las Negras, pero el lugar tiene encanto.
Playa de los Muertos. Hay que bajar una pronunciada cuesta desde el parking de coches de un kilómetro. Entonces, se gira a la derecha y se pasa un arco de piedra donde hay una bonita y salvaje cala. Es conocida y en verano puede haber gente. Se practica el nudismo.

Dónde comer

Mi favorito en invierno o verano es La Tasquilla, en Rodalquilar. Me gusta la decoración, la chimenea en tiempos fríos y la terraza con velas en verano. Pero desde luego me gusta también la comida, mezcla tradicional y sofisticada, y su carta de vinos. Los boquerones Wells, rellenos de queso, son una debilidad.  http://www.latasquilla.com/
Un clásico del Parque es “La Ola”, en la Isleta del Moro. Abre todo el año y ofrecen pescado fresco y arroces como especialidad. La terraza exterior está frente al pequeño puerto y casi se toca el mar. Buenas vistas. http://www.restaurantelaola.es/
Restaurante Playa, en Agua Amarga. Está en la preciosa playa de esta preciosa y pequeña localidad. Yo he probado paellas y pescado de calidad y no tanto, lo que hace que no tenga una opinión clara sobre la cocina (hace algunos años que no voy), pero las vistas son relajantes. Teléfono: 0034 950 13 81 67

Dónde dormir

Mi hotel favorito tiene un punto de luxe, lo confieso. Me gusta ir al hotel Cala Chica, en Las Negras, y reservar alguna de las  dos habitaciones suite que tienen un enorme jacuzzi en la terraza. Te dan una botella de champagne y pasas la noche jugando con pintar el agua con las luces de colores, bebiendo, mirando el cielo estrellado y escuchando el sonido del mar. El resto de habitaciones son más económicas y están muy bien. Dan buenas cenas.  http://www.calachica.com/
Cuando el presupuesto no ha sido tan espléndido, también en Las Negras, he ido a un hostal. Arrecife, de una estrella y en muy buenas condiciones. Limpio y cerca de la playa. Es muy buena opción. 0034 950 388 140
Hotel de Naturaleza Rodalquilar. Sencillamente espectacular. Spa, sala de exposiciones, tranquilo, buenas habitaciones…Es una opción segura. Les encantará.  http://www.hotelrodalquilar.com/
En el hotel Cortijo del Sotillo me alojé un invierno. Es un antiguo cortijo, típico de la zona, con buen restaurante y habitaciones encaladas. Pelín frío entonces, tiene unas buenas instalaciones y estaba muy cuidado. Está a la entrada de la localidad más poblada de la zona, San José, lo que le da algo de tranquilidad. La misma cadena tiene hoteles dentro del casco urbano, como doña Pakyta, pero yo no he dormido en él. www.hotelpakyta.es

 

www.hotelpakyta.es

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Comentarios (6)

  • Ana

    |

    El típico periodista… 🙂
    Acercarse a un lugar, aunque sea muchas veces y recurrentemente, no te va a dejar de hacer un periodista madrileño que va a la esquina más seca del país.. Es así!
    Qué maravilla, Cabo de Gata… (Como Almeriense diría el resto de la provincia, pero eso merecería otro post, no?)

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  • Javier Brandoli

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    Y así fue. De Almería ya publicamos aquí un post de las Cueva del Indalo y el siguiente será sobre un templo de…la tapa: !la virgen chica! Gracias Ana

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  • Maria jose

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    Hola Javier, aunque leo esto despues de tanto tiempo, a veces ocurre.., he de decirte como almeriense y ademas como nijareña, municipio en el que se encuentra este maravilloso Parque que me enorgullece leer eso que escribes con tanta delicadeza y emocion. Pues la misma es la que me has transmitido al leerlo. Me alegra que descubrieras cosas q aun te quedaban por descubrir. Esas son las que te hacen enamorarte del lugar y sobre todo conocerlo en su profundidad. O mejor dicho, Vivirlo!!!, asi que te doy la enhorabuena por ello y por supuesto espero que nos sigas visitando para reflejar lo mas bonito de esta tierra y que lo plasmes con tanta delicadeza que nos haga emocionarnos a los que lo leemos. GRACIAS !

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  • Javier Brandoli

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    Muchísimas gracias María José, me apasiona tu tierra y la plasmé con los sentimientos que tuve en esta singular ´visita. GRACIAS A TI!

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  • Maria Jose

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    Esta es tu casa!!

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