Cuenca: el rastro de la muralla inexpugnable

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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el viaje

Una ciudad de calles estrechas y empinadas en la que la historia se palpa al ritmo de los pies. Cuenca es una de esas villas españolas que es de obligado paso. Su catedral y sus archiconocidas Casas Colgadas han hecho de este enclave un icono que todos tenemos en la memoria. La ciudad merece un paseo lento desde la plaza Mayor, en la que inevitablemente comienza la ruta, en dirección al castillo. Luego, a mano derecha de la catedral, sale el corto entramado de callejuelas que lleva hasta el Puente de Hierro y las Casas Colgadas. Nuestro consejo es que crucen el famoso y bello puente antes del atardecer y contemplen como los colores del cielo estallan justo detrás de las famosas viviendas que penden del aire. (En caso de que duerman en el Parador Nacional, antiguo convento de San Pablo, tienen esas vistas aseguradas). Toda la ciudad es un museo, espectacular, pero ¿cuál es la historia de esta ciudad que parece perdida en la nada? La ciudad vieja es una fortaleza, natural y artificial, que nunca pudo ser tomada. ¿Por qué?

La fortaleza de Conca

La llegada de los musulmanes a la Península convierte a Cuenca en un importante enclave. Los árabes conciben este lugar como un centro estratégico, bien protegido por las hoces que lo rodean, y con una buena comunicación con el área del actual Levante. Deciden los musulmanes levantar una importante fortaleza a la que se cree que llamaron Conca (este es uno de los orígenes etimológico que se apunta sobre Cuenca). Era un lugar seguro, al que sólo había que proteger parte del horizonte, ya que las imponentes rocas sobre las que se asienta hacen de inexpugnable muro defensivo. Además, desde lo alto de aquella atalaya se controlaba una importante porción de terreno. Para llegar hasta las mejores vistas de las hoces hay que tomar la calle de San Martín y cruzar el puente de San Pablo, sobre el río Huécar.

Nuestro consejo es que crucen el famoso y bello puente antes del atardecer y contemplen como los colores del cielo estallan justo detrás de las famosas viviendas que penden del aire

Tras el castillo, los árabes fueron construyendo una ciudad que contó con una mezquita, un alcázar y una plaza de comerciantes. En la actualidad, el castillo, reconstruido por último vez en época de Felipe II, no tiene apenas fragmentos de la muralla musulmana., aunque conserva parte de su esplendor de antaño.
Pero VaP tiene vocación de viajar y entender la historia y los que lean este artículo podrán ver con otros ojos la bella ciudad castellana cuando entiendan que esta urbe fue realmente un lugar inaccesible para todos. Esta vez el viaje es realmente por la historia para poder comprender el presente. Perdonen si hay más historia que viaje, pero la ocasión lo merece.

Primer ataque

Es en el año 1076 cuando el aragonés Sancho Ramírez pone por primera vez sitio a la villa. Sin embargo, los musulmanes demuestran que supieron elegir un buen enclave defensivo y, a pesar de la inferioridad numérica, repelen este primer intento de conquista que chocaba contra sus muros infranqueables. Quince años después, un nuevo frente de batalla se abre en España. Los almohades han cruzado el estrecho y el rey moro de Sevilla, Al Mutamid, pide ayuda al monarca leonés Alfonso VI. A cambio de sus servicios en el campo de batalla, los cristianos obtienen un botín en el que se incluía la ciudad de Cuenca. (También mandó a su nuera Zaida, que se convirtió después en la concubina del rey y madre del futuro monarca. En la ciudad hay una calle con el nombre de este controvertido personaje). En 1093 y sin derramar una gota de sangre, la codiciada fortaleza pasa a manos cristianas.
Pero el dominio del monarca español sobre estas tierras dura poco. Los bereberes llegados desde África son un imponente ejército que, poco a poco, va recuperando parte del terreno perdido de la incipiente reconquista. Diversos son los frentes abiertos y en casi todos salen vencedores los musulmanes. En 1098, las tropas cristianas comandadas por Alvar Fañez son derrotadas por las del caudillo almohade Ben Aisa, lo que provoca la retirada de los cristianos de diversas fortalezas, para replegarse, incluida la de Cuenca.

Alfonso VIII toma Cuenca

Otro Alfonso, esta vez VIII, vuelve a encaminar sus tropas hacia la fortaleza de piedra. Estamos en 1177 y han pasado casi cien años de la primera vez que los cristianos han tomado la ciudad. Otra vez, sin embargo, parece que se puede repetir la historia del primer intento, aquel que lideró Sancho Ramírez. Un numeroso contingente cristiano llega hasta las murallas de Cuenca. Caballeros castellanos, aragoneses y leoneses, junto a miembros de las más importantes órdenes militares que hay en la Península (Santiago, Calatrava y Monteagudio) montan sus tiendas de campaña frente a las murallas. El asedio por número parece factible, pero el enclave es inexpugnable. Pero esta vez hay más tiempo y una constante lluvia de flechas y proyectiles va minando la moral de los musulmanes que aguantan tras los muros. El “alcalde” árabe de la ciudad, Abu Beka, pide ayuda para intentar repeler el ataque, pero el caudillo Yacub Yusuf acaba de emprender una campaña en el norte de África y sus tropas no pueden acudir a socorrerle. Aun así, los árabes lanzan un ataque sorpresa a la desesperada para matar al monarca español que resulta infructuoso. Sí pierde la vida el Nuño Pérez de Lara.
Es el 21 de septiembre, festividad de San Mateo, cuando los moros, sin víveres y con sensibles bajas, se rinden y Alfonso VIII toma la inmaculada ciudad. El hambre rinde a la ciudad, porque tampoco el monarca castellano pudo cruzar sus muros por el peso de su acero.

La leyenda del pastor

En Cuenca hay una bella leyenda, muy extendida, que dice que fue un pastor, Matín Alhaxa, el que posibilitó la toma. Cuentan que al pastor, que profesaba en secreto la religión cristiana, se le apareció la Virgen y le comunicó que debía ayudar a los cristianos. Dicen que Martín salía junto a otros compañeros por una puerta secreta a dar de comer a sus rebaños junto a las murallas. Un atardecer, una patrulla de caballeros de Alfonso VIII observó unos movimientos extraños junto a los muros y se acercó a ver que pasaba. Encontró a los tres pastores, matando a dos de ellos, y perdonando la vida a Martín que rezaba e imploraba clemencia. El pastor les comunicó a los cristianos que entraba y salía de la fortaleza por una puerta secreta, la de Aljaraz, actual puerta de San Juan (pueden contemplarla). Algunos hombres se adentraron con el pastor en la ciudad y por la noche abrieron las cancelas, lo que posibilitó la entrada del ejército comandado por Alfonso. Aun en las fiestas de la ciudad se festeja este hecho como cierto.

el camino
La autovía de Castilla La Mancha, desde la A-3 hasta Cuenca, ha mejorado mucho la llegada por carretera a la ciudad.

una cabezada
El Parador Nacional de Cuenca, en el antiguo convento de San Pablo del siglo XVI, tiene las mejores vistas de las Casas Colgadas, el puente de hierro y la ciudad vieja. Buena comida, piscina y habitaciones con encanto. www.paradores.es

a mesa puesta
Mesón las Casas Colgadas: sito en las míticas viviendas conquenses. Comida local de calidad como el morteruelo, ajoarriero… Los asados exquisitos. www.mesoncasascolgadas.com

Figón del Huécar: Local con encanto y comida de lujo. Cerca de la catedral, la carta combina platos típicos con algunas propuestas más modernas. Francamente merece la pena. www.figondelhuecar.es

muy recomendable
-Pueden leer el libro “Historia de la muy noble y leal ciudad de Cuenca”, editorial Extramuros. Se encuentra por internet y el precio ronda los 40 euros.

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