La Gomera: el pozo y últimos rezos de Cristóbal Colón

Por: Alfonso Polvorinos (texto y foto)
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Uno ya tenía bastantes dudas sobre lo que me contaron en la escuela, de pequeño, aquello de que un tal Cristóbal Colón fue el descubridor de América. Con el paso de los años las dudas se fueron disipando en contra de las tesis escolares y después de leer a Gavin Menzies, quedaron despejadas del todo. Os recomiendo si no lo habéis hecho ya, la lectura de sus dos primeros libros: 1421 y 1434 (la tercera parte de la trilogía está en camino). En ellos se cuentan muchas cosas fruto de años de investigación y documentación, con pruebas solventes, pero una de las que queda de manifiesto es que Colón no fue el primero en pisar el Nuevo Continente. Se dejan bastante claro también las fuentes de información e “inspiración” del Almirante para poner rumbo al este. En cualquier caso para el post de hoy me quedo con la figura de Colón y sus viajes, que es indudable que hacerlos, los hizo ¿o no?

Reparo en concreto en el primero de sus viajes, el realizado en 1492 y que a la postre le dio fama mundial. A éste siguieron tres expediciones más pero fue en aquel primer viaje que zarpó desde el puerto de Palos de la Frontera (Huelva) el 3 de agosto, el que sirvió de base para el resto. La clave, los vientos alisios, le trajeron hasta tierras Canarias y le impulsaron hacia el continente americano, las Indias Occidentales. Y un enclave canario importante fue sin duda la isla de La Gomera. Es innegable que Colón ligó su vida de forma importante a la naturaleza (a la de esos vientos, por ejemplo) y a la de las condiciones de todo tipo que se iba encontrando en su navegación. La naturaleza marítima, la naturaleza de arrecifes, playas y costas por descubrir y navegar, y la naturaleza de la porción del mapa ya conocida, como la de La Gomera sin ir más lejos. Esta es la parte de la vida de Cristóbal Colón, y la de muchos otros navegantes, que más me fascina. Su vinculación hasta el extremo de dependencia, de la madre naturaleza.

Colón no fue el primero en pisar el Nuevo Continente. Se dejan bastante claro también las fuentes de información e “inspiración” del Almirante para poner rumbo al Este.

¿Qué encontramos en la isla Colombina?

A La Gomera llegó Colón el 12 de agosto después de una parada en Gran Canaria para reparar “La Pinta” y se quedó hasta el 6 de septiembre. En la capital gomera, San Sebastián, quedan lugares (hoy monumentos) vinculados a la historia colombina como son la Torre del Conde, la iglesia en la cual el Almirante rezó por última vez antes de partir, la casa-museo de Colón o el Pozo de la Aguada (donde se aprovisionó de agua para la travesía). Un cartel junto al pozo reza “con este agua se bautizó América, año 1492”.

También toponimias de lugares que de una u otra forma recuerdan a la época de Colón, como la Degollada de Peraza, por ejemplo. Hernán Peraza fue el maltrecho marido de Beatriz de Bobadilla, gobernadora de La Gomera (y amiga y confidente de Isabel la Católica). Cuentan las malas lenguas históricas que Cristóbal Colón encontró en Beatriz de Bobadilla algo más que ayuda para su proyecto… sin duda en una isla de la que se enamoró.

El Almirante halló en la isla todo cuanto necesitaba para su gran viaje, esto es, su mecenas, y las provisiones que la madre tierra gomera le proporcionó. El agua y los alimentos sin ir más lejos.
Aparte de los lugares antes mencionados lo que seguro encontró Colón, pues llevaba muchos más siglos allí, era el bosque de laurisilva que tapiza el centro de la isla. Este bosque actúa como esponja absorbiendo el agua de las nubes que se forman al chocar la humedad del océano contra las montañas gracias a la acción, una vez más, de los vientos alisios. Los mismos vientos que le llevaron a su objetivo y el mismo proceso natural que proporcionó a Colón el líquido elemento en cantidades sustanciales para llenar sus bodegas. El bosque de laurisilva es originario de la época Terciaria y hoy, declarado y protegido como parque nacional de Garajonay, es el principal atractivo de una isla que, como le pasó al bueno de Cristóbal Colón, enamora. Si vais a La Gomera no dejéis de visitar el imponente valle de Hermigua (con sus bosques de laurisilva) y dormir placenteramente en alguna de los alojamientos rurales (www.islarural.com). Corréis el riesgo, eso si, de descubrir el relax más absoluto… ¡cuidado que engancha!

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Comentarios (4)

  • María Gamo

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    Los libros de Menzies son fascinantes, aunque a uno siempre le queda la duda de si son cosnpirativos, al estilo de los americanos no llegaron a la luna, aunque es cierto que están documentados. El rastro de civilización china en centroamérica es también algo factible. También tenemos a los vikingos. En todo caso, Colón fue el primero enn asentarse.

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  • Alfonso Polvorinos

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    Hola María, me alegra saber que te interesaste por Menzies también. Creo más en la documentación que en la conspiración en este caso. Si damos por buena su teoría precisamente fueron los chinos los primeros en asentarse allí en épocas similares (aunque algo antes) que Colón. Buena parte de los 33.000 chinos de la expedición de Zeng He fueron desembarcados a lo largo y ancho del mundo (también en el continente americano) para fundar nuevas colonias. Gracias María por tu comentario y un saludo.

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  • MereGlass

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    Lo que más me fascina de los veleros de antaño es cómo su tripulación podía orientarse bajo el sol con un simple catalejo y la carta de navegación y en la noche plantando el astrolabio sobre el mapa de constelaciones para adentrarse serena en el mar incierto

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  • Alfonso Polvorinos

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    … y la aparente tranquilidad con la que lo hacían… estoy de acuerdo contigo MereGlass. Un saludo.

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