Ruanda: buscando gorilas en la selva de los pigmeos (I)

Por: Raúl García (texto y fotos)
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Ruanda es un diminuto país de África central, vecino de Burundi, Tanzania, Uganda y la República Democrática del Congo y, junto con estos dos últimos, refugio del gorila de montaña. Los twa, un pueblo pigmeo, son los primeros habitantes de los que se tiene constancia en las tierras de Ruanda y la actual Burundi.

El hogar de estos primates fue menguando durante cientos de años debido a las matanzas sobre el pueblo twa y a la necesidad de los hutus y los tutsis de despejar tierras para el pastoreo y la agricultura, talando indiscriminadamente y reduciendo el hábitat de estos animales.

El hogar de estos primates fue menguando durante cientos de años debido a las matanzas sobre los twa, un pueblo pigmeo

Hacía años que unos amigos me enseñaron fotos de su viaje por Ruanda. Recuerdo esas fotos con entusiasmo. Enormes gorilas de acicalado pelo y, sobre todo, penetrante mirada. Una mirada que podría confundirse con la de cualquier persona, una mirada que transmite diferentes emociones pero que no queda vacía como la mirada de los cazadores furtivos a los que se tienen que enfrentar a diario. Era el año 2003 y por entonces era algo muy común aniquilar a estos animales porque a alguien se le ocurrió la espeluznante idea de elaborar ceniceros con las manos de los gorilas. Más impactante para mí fue saber que dicho objeto tenía salida en el mercado negro.

A alguien se le ocurrió la espeluznante idea de elaborar ceniceros con las manos de los gorilas

Pero no fue hasta el año 2010 cuando tuve la oportunidad de viajar a Ruanda para ver al animal que me había cautivado años atrás. Los ocho amigos aterrizamos en el aeropuerto de Kigali, la capital, a las dos de la mañana. Nos esperaban dos vehículos todoterreno que nos llevarían al lodge para desayunar y emprender camino hacia la entrada del Parque Nacional de los Volcanes.

La humedad es alta, está lloviendo y el suelo está enfangado. Andar se hace difícil en llano, pero cuando se sube o se baja se vuelve peligroso

Durante nuestro camino por carretera, los faros del coche iluminaban a cientos de personas que, cargadas con diferentes bultos, iban con paso decidido por los márgenes que separan el asfalto de la inmensa vegetación. Su destino era el mercado de la ciudad más cercana.

Sin apenas descansar, cogí mi mochila cargada con mi equipo fotográfico, me subí al todoterreno que nos esperaba y continuamos nuestro camino, un camino lleno de baches y arcilla roja entre la espesa vegetación.

En cuanto nos ven, salen corriendo hacia nosotros, sobre todo los niños. Lo primero que piensas es que quieren algo de ti. Nada más lejos de la realidad

Una vez en la entrada del parque nos presentan a nuestro guía y nos dan un palo que nos servirá de apoyo para no resbalar por los difíciles senderos. Cuando los haya, porque normalmente el camino del principio está libre de vegetación, pero como los gorilas se van moviendo, el sendero va variando y un ranger con un machete se encarga de seguir el rastro entre la maleza, un nuevo sendero que la vegetación no tardará en diluir de nuevo.

La humedad es alta, está lloviendo y el suelo está totalmente enfangado. Andar se hace difícil en llano, pero cuando se sube o se baja se vuelve peligroso. La ruta que nos ha tocado no es apta para todos los públicos.

Después de una hora de caminata vemos aldeas twa. Sé que no soy el primer blanquito que cruza sus hogares hacia las montañas para ver a los gorilas, pero me hacen sentir algo similar. En cuanto nos ven, salen corriendo hacia nosotros, sobre todo los niños. Lo primero que piensas es que quieren algo de ti: dinero, caramelos o botellas de plástico. Nada más lejos de la realidad. La simple curiosidad, ese aspecto emocional que tenemos los seres vivos y que cada vez es más difícil sentir por el descubrimiento constante de lo desconocido, es la que les hace acercarse.

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