Santa Orosia: las ermitas de la princesa decapitada

Por: Ricardo Coarasa (texto y fotos)
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el viaje

El monte Oturia emerge de la comarca oscense del Serrablo como un centinela encaramado a las faldas del Pirineo. Su perfil indolente no resiste comparación con la cercana Peña Oroel, más majestuosa, pero la historia ha sido generosa con sus bosques y barrancos, regalándole una de esas tragedias que resisten el paso de los siglos. La subida desde la localidad de Yebra de Basa, tierra de paso del Santo Grial, está jalonada por una sucesión de ermitas, cuatro de ellas excavadas en la roca, que rememoran, doce siglos después, el martirio de Santa Orosia, una princesa bohemia que según la tradición acudió al antiguo Reino de Aragón para desposarse con el rey Fortún Garcés, y terminó siendo mutilada y decapitada por las tropas sarrecenas del emir Muza por negarse a casarse con su hijo. Dos siglos después, un pastor encontró el cadáver de la joven, venerado desde entonces en la zona. Hoy, la cabeza de la santa reposa en Yebra de Basa y el resto del cuerpo se venera en la catedral de Jaca. La subida al santuario que lleva el nombre de la santa permite no sólo salir al encuentro de esa triste historia, sino también disfrutar de un bello recorrido que apacienta el espíritu y reconforta el ánimo.

Nada más arrancar a caminar en la ermita del Augusto hay que tener claro que la senda parte a la izquierda de la capilla. Tomar la pista de la derecha puede salir caro, pues aunque ambas llevan al mismo lugar, ésta última no pasa por las ermitas rupestres y la “calcetinada” a pleno sol sin aliciente alguno resulta tediosa. En los primeros metros de la ascensión, nada más pasar el río, sorprende ver unos escalones asegurados con maderos para facilitar la subida a una loma. La señalización, además, es excelente (marcas blancas y amarillas) y la ruta está salpicada de carteles con información precisa sobre la fauna, flora e historia del lugar. El caminante está en deuda con todo ese anónimo esfuerzo que supone un aliciente más para continuar adelante por la solana, un área de monte bajo que hace honor a su nombre, por lo que conviene evitar las horas centrales del día si se sube en verano.

Apenas se tarda unos minutos en darse de bruces con la primera ermita, la de las Escoronillas, que a la vuelta, al atardecer, desprende una luz especial. Un poco más arriba, una pequeña capilla, la de las Arrodillas, parece que se ha tragado una roca. La piedra desnuda tiene unas hendiduras y dos cavidades circulares que, según la tradición, marcan el lugar donde se arrodilló la santa para ser decapitada. La subida es tendida, pero constante, antes de entrar en la umbría, que reúne toda la magia de los bosques de sombras y silencios. Caminamos entre pinos, robles y avellanos, flanqueados por enormes matorrales de boj y arbustos de “guillomo” o “senera”, con cuya madera se hacen los palos de los danzantes de Yebra, una de las imágenes más características de la romería que cada 25 de junio realiza este mismo recorrido hasta el santuario de Santa Orosia. Es éste territorio de jabalíes, corzos y comadrejas, pero con muy buen criterio no se dejan ver, temerosos de la despiadada mano del hombre.

Bajo la cascada del Chorro

Es entonces, en mitad del bosque, cuando de sopetón se abre un claro en la foresta que deja al descubierto un farallón de piedra azafranada salpicado por una cascada. Allí arriba, incrustada en la roca, asoma la ermita de la cueva, la mayor de todas y donde se encontraron los restos de la santa. Y un poco más abajo, la de San Cornelio (una hora y cuarto desde abajo), que lleva el nombre del hermano de la princesa bohemia, donde fueron enterrados quienes componían el séquito de la joven Orosia (unos restos que fueron profanados durante la Guerra Civil). Estos parajes recónditos han conocido muchos eremitas, que eligieron este paisaje para distanciarse del mundo. Los buitres sobrevuelan la zona reclamando su territorio y esperando un accidente fatal de una res para obtener su botín. Más difícil es avistar un quebrantahuesos, aunque haberlos, haylos.

Es, sin duda, la parte más bonita del recorrido y la que está impregnada del mayor número de historias, a caballo entre leyenda y realidad. Se cuenta, por ejemplo, que el 16 de junio de 1680 se produjo un milagro atribuido a la santa cuando un chaval de Yebra, Bartolome Escuer, cayó mientras dormía veinte metros al vacío desde la cueva superior y salió ileso. En este barranco existe también una tradición que asegura que quien tira una piedra desde arriba puede saber los años que tardará en casarse en función del número de veces que rebote en las rocas. Me cuesta creer que los jóvenes estén interesados en conocer de antemano el año de su boda, ahora que se casan cada vez menos. Se me ocurren otras muchas preguntas más intrigantes que hacerle al destino.

Asomándose al vacío está la ermita de O Zoque. Tras dos horas de subida al caminante le produce sosiego, como si la capilla fuese depositaria de la paz de las montañas

Abundan los fósiles en toda esta zona, no en balde el suelo que pisamos era fondo marino hace 80 millones de años, antes de que emergiera la cordillera pirenaica por la presion del continente africano sobre Europa. Avanzamos pegados a la piedra bajo la cascada del Chorro para llegar a las ermitas de San Blas y Santa Bárbara (como las anteriores, de la primera mitad del siglo XVII), notablemente restauradas, casi a punto de superar la pared de piedra y alcanzar la zona de pastos, conocida aquí como “tascas”, donde sube a pacer el ganado en verano. Ahí, a unos 1.600 metros de altura, asomándose al vacío, está la ermita de O Zoque. Tras dos horas de subida al caminante le produce sosiego, como si la capilla fuese depositaria de la paz de las montañas.

En quince minutos se alcanza el santuario de Santa Orosia, punto y final de la romería anual y de esta caminata, y donde el camino se junta con la pista que sube desde Yebra de Basa. El lugar es idílico, tranquilo y relajante, y ni siquiera es necesario cargar con el agua para disfrutar de una comida campestre, pues hay una fuente de caño generoso a los pies del templo. Cuando llegamos están en plenos preparativos para un bautizo (junto a la iglesia hay un albergue cuyas llaves, nos aseguran, se pueden pedir en Yebra). Se me ocurren pocos lugares más apropiados para recibir el agua del bautismo.

el camino
Desde Sabiñánigo hay que tomar un desvío a Yebra de Basa en la variante que rodea el municipio (en dirección Huesca, a mano derecha). A siete kilómetros de buena carretera se encuentra la pequeña localidad de Yebra de Basa. Hay que pasar el pueblo para encontrar el comienzo del sendero, que está indicado.

una cabezada
En Sabiñánigo hay varios hoteles (La Pardina, Ciudad de Sabiñánigo, entre otros) y hostales (Escartín y Valle de Tena) y la cercana Jaca (a veinte minutos en coche) ofrece una amplia oferta hotelera. VaP no se decanta por ninguno.

a mesa puesta
En la cercana Sardas (a dos kilómetros de Sabiñánigo) merece una parada el restaurante “A Gabarda” (www.asadoragabarda.es), donde se puede degustar a buen precio (aunque las raciones ya no son tan generosas como antaño) la tradicional cocina altoaragonesa. Especial mención para el conejo a la brasa o las costillas de lechal. La terraza es una delicia para tomarse el café. Los lunes cierran.

muy recomendable
-A quien le sepa a poco la subida al santuario puede continuar la excursión hasta la cima del monte Oturia (1.925 metros), que se alcanza en menos de una hora por una pista que luego hay que abandonar al llegar a un cercado de ganado. Son 1.000 metros de desnivel, por lo que hay que calcular más de tres horas de subida. Las vistas son espectaculares y con buen tiempo se aprecia hasta la Brecha de Rolando, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido.
-Si hay oportunidad, sumarse a los romeros en la tradicional romería de Santa Orosia, cada 25 de junio, merece muchísimo la pena. Además de vivir en primera persona una de las tradiciones más arraigadas del Alto Aragón, el baile de los danzantes de Yebra en un escenario tan sobrecogedor es un espectáculo folklórico sin parangón.
-La conocida como Ruta del Serrablo, que discurre por iglesias de pueblos de la zona, seguro que le sorprende. Es una estupenda manera de conocer la comarca.

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Comentarios (3)

  • Blas

    |

    Se nota que conoce la ruta. Voy por la zona dentro de nada y prometo intentar esta subida que desconozco. Gracias de un casi-aragonés.
    Blas

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  • ricardo

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    Gracias, Blas. El comienzo del otoño es una buena elección para hacer la ruta. Que la disfrutes

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  • fran ostos

    |

    fantastica historia! Apetece calzarse las botas y comenzar la ruta. Enhorabuena a VaP por ser capaces de sorprendernos siempre

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