Adiós Zimbabue, adiós Mugabe

La sensación es que el país se deshace, todo es decadente. No hay la libertad soñada y luchada, que un dirigente de tu mismo color de piel no te hace más libre, ni da comida, ni seguridad. Podía ser otra cosa este bello país y la culpa es de los libertadores no de los antiguos tiranos. Zimbabue tiene suficientes recursos e infraestructuras heredadas -aún languidecen- como para soñar con algo más que un salva patrias de la causa negra. La causa negra es tener futuro y estantes llenos.

Las fronteras son siempre principio y final. Mozambique al frente, Zimbabue detrás. Dos Áfricas con ciertas diferencias. Puede que sea el portugués y el inglés o la influencia de Europa del sur y Europa del norte. Una larga cola de camiones a cada lado, todo por llevar y por traer en ambos países. Todo falta, nada sobra. Pese a que el pasaporte africano permite pasar sin visado, la fila de hombres y mujeres con bolsas, maletas y niños colgando de la espalda ralentiza los tiempos. Entro a preguntar si mi visado sacado hace tres meses me vale aún (estuve en Mozambique en abril). La respuesta es negativa, pero me sirve para saltarme la larga cola de espera y ser el primero en cruzar del grupo.

Fuera me esperan Benson y Jenson, nuestro cocinero y pinche zimbabuense con los que comparto varios cigarros. A esta altura del viaje nuestra relación es estrecha, sincera y divertida. ¿Os da pena acabar el viaje?, les preguntó.” Yo estoy deseando ver a mi hija”, me dice Benson. Están cansados, agotados y tienen dudas del país que les recibe. “No son simpáticos los mozambiqueños con nosotros. Eso sí, las chicas son muy guapas. Además no nos entienden”. Curiosa respuesta siempre de los angloparlantes que creen que son siempre los demás los que deben entenderles a ellos.

Detrás se queda un país especial que deseaba conocer desde que llegué a África. Los zimbabuenses son, a mi entender, los africanos más abiertos y simpáticos con los que he tropezado junto a los sudafricanos

Detrás se queda un país especial que deseaba conocer desde que llegué a África. Los zimbabuenses son, a mi entender, los africanos más abiertos y simpáticos con los que he tropezado junto a los sudafricanos. Creo que tiene que ver con la costumbre. Ambos están más acostumbrados a convivir con los blancos pese a que soportaron regímenes racistas atroces que duraron hasta casi finales del siglo XX. En el resto de los países del entorno las independencias se produjeron en la década de los 60 y 70. Los blancos del resto del continente fueron siempre colonos. En Sudáfrica y Zimbabue los blancos son autóctonos por generaciones y corazón. Cuántas veces les he escuchado decir “nosotros somos africanos”, con el mismo orgullo que un xhosa, zulú o tonga.

Mi recuerdo de Mozambique es que crucé el país hace tres meses en chapas (camionetas) y encontré más silencios y miradas que compadreo. Siempre con tímidas sonrisas, educados, pero algo distantes. No es el caso de Zimbabue, donde nos hicimos fotos con unos policías en un supermercado mientras charlábamos sobre la seguridad. Eso es sólo un ejemplo que no serviría de nada sin las otras decenas de personas abiertas con las que tropezamos durante más de dos semanas. Ya traía esta opinión de Sudáfrica, donde viven cientos de miles de refugiados zimbabuenses que respiran odio y miseria entre sus vecinos (un drama que expliqué alguna vez en este blog y que enseña que el rechazo a la inmigración no es un fenómeno que se da sólo en los países ricos). Los zimbabuenses presumen de tener más estudios y hablar mejor inglés que los sudafricanos. Los sudafricanos los ven como competencia desleal para los trabajos: cobran menos y trabajan más. Odio a monedas, historia del mundo.

Zimbabue es el cortijo de Mugabe y sin entender la figura de este matarife libertador nada es explicable

Zimbabue es el cortijo de Mugabe y sin entender la figura de este matarife libertador nada es explicable. A propósito, para los que estén interesados en su figura les recomiendo de nuevo leer el libro “Cenando con Mugabe”, de Heidi Holland.  El subtítulo no deja lugar a dudas: “La historia nunca contada de un libertador que se convirtió en tirano”. El libro empieza con una cena en la que la autora esconde en su casa a un joven  Mugabe soñador y acaba con una entrevista a un hombre convertido en dictador déspota. Sólo daré una sorprendente respuesta que da el presidente en  el libro: “A Zimbabue sólo le faltan productos en las estanterías, nada más”. Y nada menos, faltaría incluir. Hay desde luego dos países distintos. El rural, paupérrimo y de carreteras de polvo, sin luz ni agua, y el de lugares como Harare, la capital, o la turística Victoria Falls, donde hay algunos supermercados de códigos de barras y cajeros de banco. Algunos, que la miseria allí tiene forma de barriadas de ladrillo y cemento. La sensación es que el país se deshace, todo es decadente. No hay la libertad soñada y luchada, que un dirigente de tu mismo color de piel no te hace más libre, ni da comida, ni seguridad.  Podía ser otra cosa este bello país y la culpa es de los libertadores no de los antiguos tiranos. Zimbabue tiene suficientes recursos e infraestructuras heredadas -aún languidecen- como para soñar con algo más que un salva patrias de la causa negra. La causa negra es tener futuro y estantes llenos, no una foto de un presidente de origen  no europeo colgando de cada pared desconchada de los edificios oficiales. La libertad no es sólo un papel y una urna. ¿Realmente hay democracia en África?

Mugabe, el profesor que soñaba con dar educación a los suyos, que presumía de vestir como un lord inglés y que anhelaba el respeto de los blancos y la admiración de los negros, acabó matando por miles a sus liberados y robando las tierras del resto. Su fin está próximo. Dejará un legado de muerte y miseria que costará cicatrizar. Las estanterías son hoy una esperanza que rellenar. Y sin embargo, sus compatriotas sonríen, mucho, con menos victimismo que en otros lugares, con más orgullo. Espero que Morgan Tsvangiri, actual primer ministro, líder de la oposición y vencedor real de las últimas elecciones no haga, si como dicen los pronósticos vence en las «previsibles» elecciones de 2012, bueno a su antecesor. Parece que la Unión Africana no está dispuesta a tolerar otro pucherazo de Mugabe y sus fuerzas leales se debilitan en cruentas guerras internas por el control de Zanu-PF, su partido, desde que han comprobado que la salud de su anciano líder se debilita tanto como las arcas estatales con cada viaje que hace a Singapur para tratarse su dolencia. Curioso libertador que se sana en hospitales de lujo mientras su pueblo no tiene pasta de dientes. Adiós Mugabe.

Este viaje forma parte de la ruta de la agencia Kananga por Zimbabue: Ruta por Gran Zimbabue

Ruta Kananga:http://www.pasaporte3.com/africa/viajes/zimbabue-mozambique/zimbabue-mozambique.php


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