Los tiempos dorados de la mafia en La Habana

Por: Diego Cobo (texto y fotos)
Previous Image
Next Image

info heading

info content

Hubo un tiempo en el que el gánster Albert Anastasia fantaseó con controlar los negocios que la mafia estadounidense dominaba en la Cuba de mitad del siglo pasado. Sus aspiraciones terminaron un día de octubre de 1957, cuando entró a acicalarse en la barbería del hotel Park Sheraton de Nueva York y salió del local con los pies por delante y el cuerpo agujereado. No corrió mejor suerte Benjamin “Bugsy” Siegel, de quien el mafioso Charlie “Lucky” Luciano dijo que Meyer Lansky, el rey del crimen organizado en Cuba, dio la orden de quitárselo de en medio.

Aquello sucedió en la conferencia de la mafia estadounidense celebrada en el Hotel Nacional de la capital caribeña en 1946, cuando Lansky sentenció: “Benny debe ser eliminado”. Siete meses después, Siegel acabó con un disparo en el ojo izquierdo y el globo ocular a cuatro metros de su cuerpo tendido en el suelo. Siegel era el encargado de levantar el hotel Flamingo en Las Vegas y el desfase presupuestario crecía con el tiempo. Aquello era un pozo sin fondo donde el coste se hinchaba continuamente, así que la sospecha de que se quedaba con dinero de la mafia colmó las paciencias. La famosa cumbre en la que se decidió el destino del gánster y a la que asistieron cerca de 500 personas, fue el contexto donde se discutieron los temas candentes del momento, como los negocios del juego en Cuba y Las Vegas.

En la gran convención mafiosa de 1946 celebrada en La Habana se discutieron los negocios del juego en Cuba y Las Vegas

 

No es ningún secreto la presencia de los hampones norteamericanos en La Habana de los años 40 y 50, con Lansky como jefe supremo de un vasto conglomerado de juego, hoteles y sobornos en un sistema en el que la mafia se coló hasta la mismísima médula central del Gobierno. Tanto es así que las inmensas comisiones al presidente Fulgencio Batista, quien abandonó la isla a bordo de un avión con el traje de gala de la nochevieja del año 1959 y una “propina” en su despacho de varios millones de dólares, formaban parte de un guión que dejaba vía libre para convertir la ciudad en un reguero de casinos, carreras de caballos, millonarios, espectáculos sexuales en directo y hoteles frente al mar, mientras gran parte de la población vivía excluida del trajín de dólares que bañaba la isla.

T. J. English lo cuenta entretenidamente en “Nocturno de La Habana”, Enrique Cirules lo analiza en “El Imperio de La Habana” y los edificios (ay, si hablaran) son testigos de un pasado donde ni Frank Sinatra ni un joven senador Kennedy, orgía mediante, renunciaron a los placeres caribeños. La lista de los templos es larga: los hoteles Nacional, Capri, Riviera, Sevilla, Hilton y Plaza con sus respectivos casinos (entre otros); el cabaret Tropicana y Sans Souci o el Hipódromo Nacional… guardan entre sus paredes las historias de unos años –algunos, unos poquitos meses- en los que Las Vegas, un proyecto iniciado por aquella época, era la hermana pequeña y pobre de este otro proyecto, paraíso para delincuentes amparados por un sistema político corrompido y corruptor (no lo digo yo, sino los libros mencionados) que agudizó la exageración a medida que se acercaba a su final.

La lista de los templos de la mafia es larga: los hoteles Nacional, Capri, Riviera, Sevilla, Hilton y Plaza con sus respectivos casinos

Aunque los primeros balbuceos de este sistema de favores comenzaron en 1933, durante el primer Gobierno de Batista y un entramado entre cuatro familias americanas de gánsteres, fue en los últimos coletazos de los años cincuenta donde los relatos y la vanidad encarnada en proyectos hoteleros fueron más delirantes. Hay una parte objetiva, como fue la inauguración de un par de hoteles emblemáticos en 1958: el Hilton, hoy Habana Libre; y el Riviera, el primer edificio de Cuba con aire acondicionado central. Y hay también una parte donde la imaginación se dispara y se traduce en luces de neón, aunque he llegado a la conclusión de que mis elucubraciones no se quedan cortas.

La impresión que tengo de todo el asunto es realmente exagerada. Muy exagerada. Hay varias anécdotas irónicas: desde una ley que eximía del impuesto sobre la renta a los crupieres (eran considerados “técnicos”…) hasta, qué sé yo, la expulsión de Lansky de la isla ante ciertas presiones del embajador norteamericano. El propio Lansky lo resumió así años después: “Batista me gastó una broma. Cuando volví a Cuba, él y yo nos reímos mucho de todo el asunto”. Claro que este tipo de actuaciones no eran extrañas en la historia del hampa. El mismo Luciano, quien convocó la conferencia del 46 de La Habana desde su destierro en su Sicilia natal, fue expulsado de Estados Unidos después de salir de la cárcel tras un acuerdo con los servicios de inteligencia en el contexto de la II Guerra Mundial.

Quizá el lugar más emblemático sea el Hotel Nacional, donde vivió el propio Lansky y donde, al menos yo, percibo el fantasma de aquella convención

Hoy quizá el lugar más emblemático sea el Hotel Nacional, donde vivió el propio Lansky y donde, al menos yo, percibo el fantasma de aquella convención, a la que se hace referencia en la segunda parte de “El Padrino”. Pero la conexión a esa época se amplía mucho más y supone un desfile de sensaciones que vienen a la memoria cada vez que uno pasa por delante de cualquiera de los símbolos más evidente de dicha organización perseguida en Estados Unidos.

Así se pronunció el senador Estes Kefauver en la comisión de investigación conocida por su apellido en 1951: “Detrás de las bandas locales que forman el sindicato del crimen nacional hay una organización internacional que permanece en la sombra conocida como la Mafia, tan fantástica que muchos americanos consideran difícil de creer en realidad”.

Las andanzas en la perla de las Antillas finalizaron pronto. Se dice que, poco antes de dejar la isla, Batista se llevó su tesoro acumulado: 300 millones de dólares. Al fin y al cabo, todo era cuestión de dinero. Como le expresó el propio Lansky a su chofer tras una reunión con el presidente, “este tipo quiere cada vez más y más pasta”.

Búsquedas realizadas:

  • Share

Escribe un comentario

Últimos tweets

No tweets found.