Olleros de Pisuerga: la enigmática iglesia excavada en la roca

Por: Javier Brandoli (texto y fotos)
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el viaje

Excavada en la roca y junto a un campo santo. Una ermita en medio de la montaña palentina que parece un milagro. Símbolos de algunas de las culturas que arrastraron sus pasos por España; símbolos de cristianos perseguidos, masones, templarios y hasta de las culturas que se descubrieron más allá del mar. La iglesia de San Justo y Pastor es a primera vista es un lugar único; tras el segundo y tercer vistazo lo único se convierte en imposible.

Para visitar la ermita hay que preguntar antes por María Belén, una mujer del pueblo, Olleros de Pisuerga, que guarda las llaves y secretos del templo. El camino que conduce hasta la roca, de tierra, empinado y con la sombra de las piedras entre las hojas de los numerosos árboles que le escoltan, provoca un primer alto: una torre de piedra del siglo XVII que hizo las funciones de campanario; de aviso para las urgencias, bien fueran estas del cuerpo o del alma. Debajo, en sus entrañas, se ha descubierto otra cueva eremita, que también pudo ser poblada por un ermitaño en los albores de los tiempos y que arroja nuevas dudas. Lo que sí parece seguro es que se trató de un baptisterio en el que se sumergían bajo el agua sagrada los nuevos cristianos, y después fue un horno en el que se cocían las ollas (lo que dio el nombre la pueblo). «Se están haciendo estudios porque pudiera ser que haya más cuevas en los alrededores del templo». Sería algo lógico. La piedra caliza de las montañas del norte de Palencia, pegada casi a la marca cántabra, fue zona eremítica.

Muchos son los rastros de aquellos primeros moradores que buscaron el cobijo de la naturaleza en aquella zona y que llevaron su retiro y su fe donde se perdían de la amenaza de las armas. Ese pudo ser el inicio de esta iglesia. Discípulos de San Millán de la Cogolla, muerto en el año 574 y que según Braulio, su biógrafo, intentó cristianizar a las tribus cántabras, a las que vaticinó su muerte por el rechazo que mostraron a la palabra de Dios, fueron los que cavaron en su honor semejante obra; otras teorías dicen que lo hicieron seguidores de los niños mártires Justo y Pastor, degollados en Alcalá de Henares por pregonar su fe, el 6 de agosto del año 304, cuando tenían sólo siete y nueve años de edad. Entre una y otra posibilidad está también la fecha de fundación del templo, que varía entre el siglo IV y VI, sin que los historiadores se pongan de acuerdo.

Aún hay otra sorprendente cavidad antes de cruzar el umbral de la ermita. Una cueva, con la suficiente profundidad para cobijar a una persona, en cuyo techo está cincelada una concha, el símbolo del camino de Santiago. ¿Tiene sentido que allí existiera una parada para los peregrinos? Es difícil tener una postura clara en este punto. El camino de Santiago pasa 40 kilómetros más al sur de Olleros de Pisuerga, por lo que no es descabellado pensar que en aquellos tiempos el viajero pudiera desviarse y encontrar posada en aquel lugar. Un punto simbólico de acogida en un enclave que desprende energía y fe.

Símbolos masones

Unos metros más arriba está la entrada de la ermita. Junto a ella el cementerio del pueblo que esconde tras una lápida un osario. En la puerta encontramos símbolos masones de los maestros canteros. Tenazas, una escalera y un compás que se dibujó a la derecha del pórtico. Justo allí, debajo del compás (principal símbolo masón), hay cincelada en la roca una cruz que se asemeja a la usada por los templarios. Es cierto que se asemeja, pero también es cierto que no he encontrado ningún documento que atestigüe que la orden del Temple controló en algún momento la ermita, aunque la guía dice que estuvieron allí tras los benedictinos.

Dentro de la iglesia el misterio se multiplica. La propia construcción parece no estar quieta. Dos naves en bóveda de cañón de lo que sería una iglesia románica del siglo XI o XII (se esculpió sobre la primitiva cueva del ermitaño) separada por columnas, de las cuales sólo dos son artificiales, el resto  pertenecen a la propia roca.

Junto a la primera cueva en la que habitó el primer ermitaño, se construyó esta iglesia imposible. Yendo de dentro a afuera, en aquel primer habitáculo estaría la morada de un hombre que hizo una canalización interior por la que pasaba el agua; incluso una zona de lavado que expulsaba las aguas fecales al exterior. María Belén vuelve a señalar una hendidura en la roca. A primera vista parece una cruz, desde otro ángulo un cuatro invertido. «Eran tiempos en los que se perseguía a los cristianos y había que esconder su simbología», explica. Pudiera ser una razón de tan extraña cruz, aunque tampoco nada parece claro en este punto.

No hay parón en las sorpresas, junto a otra pila bautismal, que hay en una de las capillas laterales, hay una roca, que los estudios dicen que puede ser de época romana

No es el único ejemplo de duda y misterio que habita entre las piedras. En una columna hay una pila bautismal que simboliza una imagen azteca, dice la guía, pero como en casos anteriores es difícil separar leyenda y realidad (es verdad que la forma es la típica de la cultura que dominaron los mexican).  No hay parón en las sorpresas, junto a otra pila bautismal, que hay en una de las capillas laterales, hay una roca, que los estudios dicen que puede ser de época romana, y que parece la base de una columna (está en mal estado) en la que se adivina una esvástica invertida, símbolo proveniente de Asia y que luego siglos después formó parte de la escenografía de la Alemania nazi.

La vinculación de la ermita y la civilización romana sí ha dejado huella en la historia. En las inmediaciones de Olleros estuvo el castro de Monte Cildá, habitado por una tribu cántabra, y que los romanos ocuparon y destruyeron, además de otros restos que se encuentran en los alrededores. Alrededores que forman un enorme campo santo. Uno, el mayor, es actual; el otro, dentro y fuera de la ermita, es una necrópolis rupestre de la época visigoda. Hay tumbas tanto fuera del recinto como dentro. De hecho, se han descubierto ataúdes de piedra en lo que debió ser una capilla velatoria y que conserva dos tumbas antropomórficas. Se sabe que era un velatorio por el color ennegrecido de las paredes, provocado por el humo de las velas que encendían los monjes cuando oraban a alguno de los suyos. A propósito, en la época en la que habitaron allí los monjes (medievo) convivían mujeres y hombres en el mismo recinto que, entonces, tenía un nivel superior en el que dormían.

Todo esto es parte de la ermita de Olleros de Pisuerga. Digo parte porque es un lugar imposible, en el que los símbolos y las piedras se acumulan, en algunas ocasiones sin razón y sentido. La visita merece la pena, parece casi obligada cuando se ha pasado por allí. Muchos son los que la están estudiando en la actualidad, muchos los que habitaron sus férreos muros que, sin embargo, parece que se mueven. Ese es su penúltimo secreto: el techo es una línea curva que se balancea ante los ojos.

el camino

Pertenece a Aguilar de Campoo. Se llega enlazando con la A-67.

una cabezada

Cerca de Olleros hay una casa, “Cortijo Las Monjas”, en Villaescusa de las Torres que se alquila entera. Alojamiento de once plazas situado al pie del monumento natural de las Tuerces. El pueblo, muy pequeño y en un entorno privilegiado, es lugar de tranquilidad y relax. Tfno: 651 984 815.

a mesa puesta

No comimos en la zona. No tengo nignún restaurante cercano que recomendar.

muy recomendable

Palencia es una provincia poco conocida en España. El gran legado de arte románico es más que sobresaliente, pero, al menos, para los que se animen a visitar la zona les recomiendo que vayan a Frómista, en plena Tierra de Campos, y Carrión de los Condes.

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Comentarios (1)

  • Galván

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    Qué bonita es mi Palencia y que lugar tan desconocido. Vayan a ver esta iglesia, es preciosa, metida dentro de la roca. Gracias por divulgarla.

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